Los últimos días de vida de Sigmund Freud

Esto no es un lamento, es un grito de ave rapaz.

Irisada e intranquila. El beso en el rostro muerto.

C. Lispector.

En el aniversario luctuoso del padre del #psicoanálisis es preciso recordarlo como un ser humano frente a las adversidades de la vida. Si recordamos su biografía, su vida estuvo llena de contrastes: se enfrentó a una pandemia que se llevó a su hija, las garras de la segunda guerra mundial le crearon fuertes desilusiones frente al contexto de #muerte y #exilio en el que tuvo que transcurrir durante algunos años antes de su muerte tras una ardua batalla con el #cáncer de mandíbula. Todo eso no le impidió tener un talante que le permitió honrar su vida con trabajo y curiosidad inagotable ante los estratos misteriosos de la mente inconsciente.


La primer imagen que llega a mi mente es de #Freud sentado frente a una ventana grande contemplando su jardín predilecto, aquí se entretejen mis deseos de profundizar y preguntar con curiosidad sobre sus experiencias en los últimos años: ¿Tenía miedo a la muerte? ¿Cómo fue para él su alejamiento de Viena? ¿Cuál era su sentir ante la vivencia de compartir con los suyos el desfallecimiento de su vida? Con la intención de encontrar alguna respuesta, inicio con la descripción del contexto en el que Freud se encontraba tras el estallido de la guerra, y la invasión de Austria el 11 de marzo de 1938. Para este momento varios analistas judíos se fugaban del lugar. Los nacionalistas alemanes ordenaban quemar los escritos psicoanalíticos públicamente para culminar cualquier rastro, Freud se encontraba exhausto por los tratamientos del cáncer, y su enorme resistencia de abandonar Viena.

En una carta a Marie Bonaparte del 16 de marzo de 1933, le escribe:

Tiene usted la fortuna de estar tan sumergida en su obra que no precisa enterarse de las cosas repugnantes a su alrededor. En nuestros círculos cunde

la alarma. La gente teme que los excesos nacionalistas de Alemania puedan extenderse a nuestro pequeño país. Me han aconsejado huir a Suiza o a Francia. Eso es absurdo: no creo que aquí haya ningún peligro y, si lo hubiese, estoy enormemente decidido a esperarlo aqui. Si me han de matar, bien: es un tipo de muerte como cualquier otro. Pero probablemente esto sólo sea una vulgar bravata.

Viena había sido el lugar que fungió como espacio en donde se entramaron las dificultades en sus inicios como investigador, y también fue un lugar que atestiguó el nacimiento y desarrollo de sus grandes obras que hasta el día de hoy siguen causando un gran impacto en algunas mentes y recelo en otras. La idea de abandonar su ciudad le causaba un gran pesar, y se mantuvo renuente por una temporada hasta que la Gestapo realizó una visita de inspección en su hogar con el propósito de buscar literatura antinazi. Llevándose a Anna a sus instalaciones para interrogarla durante largas horas.

Fue obligado a renunciar a la ciudad que fue suya por muchos años puesto que el amor más grande era su familia, y tras el episodio con su hija pudo dar cuenta que Viena lo había abandonado a él. Poco a poco esta ciudad se convertía en un espacio de terror, violencia y muerte, se contemplaban con crudeza las pasiones desatadas de los seres humanos que nos envuelven el alma. Sus tesis se hacían más verídicas ante sus ojos, y Thanatos se presentaba como principal motor que regía la escena: Sin duda esta ciudad ya no podía reconocerla como suya.

En el relato de Jones se pueden percibir las preocupaciones por su estado físico deteriorado tras el tratamiento del cáncer. Se preguntaban si podría lograr un viaje largo, si bien adquirir el permiso para su salida no fue fácil, Jones lo ayuda a agilizar los trámites para su emigración, y la de sus seres más cercanos. Logra contactar conocidos y obtiene el permiso para situarlos en Londres con la autorización para trabajar. Después de adquirir la documentación que mantuviera la seguridad de Freud ante su llegada a Inglaterra, se ven ante la dificultad más grande que fue la obtención de un permiso por parte de los nazis para permitir que saliera del país. Más tarde con la ayuda de un abogado que le tenía gran afecto, negoció su salida tras una considerable suma de dinero.

Marie Bonaparte en estos momentos fue de gran apoyo para la familia. En conjunto con Anna se encargaron de seleccionar documentación: quemar alguna y guardar cuidadosamente valiosos escritos. Los nacionalistas aprovecharon la situación pidiendo grandes cantidades de dinero para aprobar la salida de su archivo, y amenazaron con destruirlo. La cuenta de Freud había sido confiscada, por lo cual no podía hacerse cargo del pago por lo cual la princesa Marie se encarga de reunir el dinero para trasladar las obras y correspondencia con su supervisión.

En Mayo, Freud escribe a su hijo Ernest una carta de la que sólo transcribiré un pequeño fragmento: En estos días negros solo hay dos perspectivas que nos pueden reconfortar, reunirnos con todos ustedes y morir en libertad. A veces me comparo con el viejo Jacob, a quienes sus hijos llevaron, ya anciano, a Egipto. Es de esperar que el resultado no será el mismo, un éxodo de Egipto. Es hora de que Ajoshverus pueda descansar en alguna parte(...)

Antes de obtener el visado de salida vale la pena citar una anécdota que distingue su virtud humorística ante esta tragedia, cuando la Gestapo le hace firmar un documento que versaba así: Yo profesor Freud, confirmo por la presente que después del Anschluss de Austria al Reich de Alemania, he sido tratado por las autoridades germanas y particularmente por la Gestapo, con todo el respeto y la consideración debidos a mi reputación científica, que he podido vivir y trabajar en completa libertad, así cómo proseguir mis actividades en todas las formas que deseara; que recibí pleno apoyo de todos los que tuvieron intervención en este respecto y que no tengo el mínimo motivo de queja.

Firmó sin renuencia el documento pidiéndole al comisario nazi que le permitieran agregar una frase de su pluma: “De todo corazón puedo recomendar a la Gestapo a cualquiera.” Su sentido irónico lo acompañaba en medio de la abrumadora situación, y

así consiguió tramitar el sentimentalismo que podría provocarle a cualquiera el ser obligado a firmar un escrito de tal naturaleza. El 4 de junio; Freud, esposa e hija dicen adiós en definitivo a la ciudad que le había entregado sus mejores años. Sigmund Freud revolucionó la contemplación del hombre moderno a partir de las tesis principales en sus investigaciones sobre la sexualidad, y la entramada vida pulsional que existe en cada individuo. Despojó el alma de lo divino, pero sobretodo nos devolvió el conocimiento olvidado de nuestra herencia histórica. Y fue para esta última a la que el creador del psicoanálisis entregó su vida. Fue un apasionado a sus ideas y gran admirador de la naturaleza. El legado que aportó al conocimiento intelectual con su obra metapsicológica, lo ha hecho presente en nuestra comunidad académica hasta nuestros días.

En una bella entrevista publicada en 1957, y realizada en 1926, por George Sylvester Viereck -periodista del Journal of Psychology-. Freud comparte su reflexión hacia el orden universal de la vida:

Detesto mi maxilar mecánico, porque la lucha con este aparato me consume mucha energía preciosa. Pero prefiero esto a no tener ningún máxilar. Aún así prefiero la existencia a la extinción. Tal vez los dioses sean gentiles con nosotros, tornándonos la vida más desagradable a medida que envejecemos. Por fin, la muerte nos parece menos intolerable que los fardos que cargamos. Nos relata el entrevistador que el genio se rehúsa a creer en un destino especial. Dice: ¿Porqué debería yo esperar un tratamiento especial? La vejez, con sus arrugas, llega para todos. Yo no me revelo contra el orden universal. Finalmente, después de setenta años, tuve lo bastante para comer. Aprecié muchas cosas en compañía de mi mujer, mis hijos. El calor del sol. Observé las plantas que crecen en primavera. De vez en cuando tuve una mano amiga para apretar. En otra ocasión encontré un ser humano que casi me comprendió. ¿Qué más puedo querer?

En su aniversario luctuoso me pareció importante construir este pequeño escrito que tiene la intención de servir como un gesto de gratitud ante mi maestro. Freud recibe la muerte como una vía para despojarse del dolor que le habían ocasionado largos años

de enfermedad. El final de una larga vida llena de creación, que le dio plenitud a pesar de sus tragedias.

Siguiendo el relato de Jones(1975) el 21 de Septiembre de 1939, Freud le dice a su médico: Querido Schur, usted recordará nuestra primera conversación. Usted me prometió que me ayudaría cuando yo ya no pudiera soportar más. Ahora es sólo una tortura y ya no tiene ningún sentido. Con la aprobación de su hija menor Anna, Schur administró una pequeña dosis de morfina que le hizo lanzar un suspiro de alivio y lo hundió en un pacífico sueño. Sus reservas habían llegado al fin. Murió antes de la media noche del 23 de Septiembre de 1939.


Bibliografía: Jones, E. (1975). Vida y obra de Sigmund Freud. Tomo III. Ed. Anagrama: Barcelona. Neumann, M. (2006). Freud, un adulto mayor. Revista de psicoanálisis, LXIII,2, 347- 362. Sylvester, G. (1957). Entrevista a Sigmund Freud: El valor de la vida (1926). Revista: Espectros del psicoanálisis,9, 7-19. Thomas,N. (1972). Remordimiento por cualquier muerte. Jorge Luis Borges, Selected Poems, 1923-67. Ed. Emecé, B.A.


Karla Álvarez Cruz

Psicóloga de niños, adolescentes y adultos

Licenciada en Psicología, Maestría en Estudios Psicoanalíticos, Especialidad en Estudios Psicoanalíticos en Niños y Adolescentes

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