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Artículos sobre Ayuda Psicológica

  • 30 may 2019
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 8 mar 2020


Sobre algunas sensaciones que acompañan a los jóvenes actualmente. Sensaciones de soledad y poco entendimiento.
Predicamento adolescente

¡Qué complejo ser adolescente actualmente! Pensar en las demandas que muchas veces los adultos les hacemos sin querer (o queriendo) y que los pueden dejar en un predicamento complejo y doloroso.


Reflexionemos: ¿Qué esperamos de los adolescentes? Lo primero que puede aparecer en nuestra mente es que aporten, trabajen, sean líderes del futuro, hagan un cambio en este mundo, etc. ¿Cuántos esperamos que sean felices?, ¿que tengan un lugar?


Cabe aclarar que no todos los adultos pensamos igual, pero regularmente esto es lo que se les brinda en algunas instituciones laborales o educativas. Este empuje hacia la producción más allá de estar y pertenecer. Es como si de manera indirecta les demandemos la necesidad de que ellos aporten y ofrezcan un cambio sin primero hacer nosotros, como adultos, una propuesta sobre lo que les podemos donar. Recordemos que el acompañar es uno de los elementos necesarios durante la adolescencia y que esta compañía implica el coexistir y respetar el sentir de los involucrados, un espacio seguro para ser y estar con el otro.Por ejemplo, un padre que acompañe a su hijo en sus dudas y su enojo hacia los deberes de la escuela más allá de sólo demandarle que los cumpla "de buena gana"; un maestro que permita el diálogo libre del tema visto en clase, más allá de sólo callar o censurar las ideas diversas de su alumnado.


Es un acompañar con bordes donde se permita el explorar, encontrar y reparar. De poco sirve que la censura sea nuestra "arma" más fuerte frente a un adolescente si mermamos que puedan acercarse a compartir lo que les asusta, les emociona o les preocupa. La censura deja trás un muro todo aquello que acontece dentro del adolescente, un muro que lo oculta y lo deja muy solo.

Este predicamento también sucede cuando los atiborramos de comentarios sobre la vida adulta bastante catastróficos como: "crecer duele, no es sencillo", "ahora de qué te quejas si cuando seas adulto se pone peor", "ser adulto es pagar cuentas y trabajar", etc. Con invitaciones de este tipo ¿quién quisiera crecer? No es azaroso que cada vez nos topemos con más sujetos en "adolescencia tardía", aterrados del crecimiento y la búsqueda por la autosuficiencia/sobrevivencia.


El adolescente en medio de todo esto, se aferra a lo que puede controlar, lo que le resulta cómodo. Otros se lanzan al reto y crecen a partir de los mismos aterrizajes forzosos que les resultan de la experimentación. Adolescentes así, solos, acompañados de ellos mismos o de sus pares. ¿Dónde estamos los adultos?


Pero la esperanza no se pierde, ellos siguen mirando hacia nosotros esperando ser acompañados.

 
 
 
  • 30 may 2019
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 8 mar 2020


Sobre aquellas sensaciones al tener un ataque de pánico y los pensamientos que las acompañan.
Ataque de pánico

Sabía que esto podía pasarme.

Nadie puede salvarme,

nadie puede entenderme,

nadie puede acompañarme.

¿Será que estoy tan solo?,

¿realmente es así?


Pasa de repente, no lo puedo pronosticar.

Pasa mientras camino o estoy de paseo,

me pasa aunque haya gente a mi alrededor.

Ellos no se dan cuenta, sé disimular bastante bien.

¿Podrán entenderme?, ¿me dirán que estoy loco?

A veces siento que lo estoy.

¿Qué tal que este es el inicio de la locura?


No puedo respirar, no puedo pensar,

siento que muero, me acelero, no logro a respirar profundo,

mi mirada se vuelve un túnel en el que sólo veo siluetas confusas,

se adormecen mis piernas, los sonidos me alteran.

No, no tengo nada en mi cuerpo, mi cuerpo esta bien. Pensar me está matando.

¿Se puede morir de eso?


Los doctores me dicen que no tengo nada, que esto es ansiedad,

que es un ataque, que no lo puedo controlar...

Me recomiendan que descanse, que duerma, pero no puedo.

¿Y si me pasó por querer controlarlo todo?


No suelo decir lo que siento, eso sería mostrarme vulnerable y no quiero,

no quiero depender de nadie,

no quiero que sepan cómo me siento,

a veces hasta lo oculto de mí.

¿Mi cuerpo estará protestando?


Ahora me mandan con el "loquero".

Para que le diga lo que siento, dicen que estaré mejor.

¿Y si se burla de mí?

No tengo nada que perder.


Leo mucho y no descanso,

sabía que esto iba a pasarme a mí,

"lo que no hablas te persigue", - Pienso-

¿será que esto tiene cura?


Definitivamente tengo algo,

algo tan oculto hasta de mí,

Tal vez valga la pena poner las cartas sobre la mesa,

¿qué más tengo que perder?

Ataque de pánico le llaman, y si, tengo pánico.


Pánico de que esto crezca, de que ya no pueda más,

pánico de no saber qué hacer,

pánico de aquello que queda lejos de mí.

No quiero estar solo.


Camino y estoy cerca.

Toco a la puerta,

espero hablar de lo que me persigue,

poner un alto,

dejar de temer.



 
 
 
  • 30 may 2019
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 8 mar 2020


Carta a mi hijo que está por nacer

Aún no estás conmigo pero ya te pienso. Te he pensado nombres que pudieras tener, nombres que representen aquello que he puesto en tí, nombres que te protejan frente a los demás, un nombre que englobe lo grande que puedes llegar a ser.


Aún no estás conmigo pero ya te imagino. Imagino cómo serás, invento a lo que pudieras jugar, las preguntas que harás y la forma en la que pudiera criarte. Porque imaginarte es imaginarme a mí como madre que aún no soy. ¿O así se inicia a ser madre?


Es como engendrarte en mi mente y en mi corazón. Como si ya fueses creciendo desde ahí. Como si ya te cuidara desde ahora aunque aún no tengas cuerpo, como si mis decisiones a partir de ahora ya te incluyeran y me fuercen a pensarte, a considerarte, como haciéndote un lugar.

Un lugar con muchos deseos y mucha ilusión. Ilusión por conocerte y verte feliz. Aquello que imagino que será cargarte y procurarte.


Aún no estás conmigo y ya construyo escenarios. Escenarios de crecimiento, de peleas, de juegos. Espero tener la energía para seguirte el paso. Espero ser sincera contigo cuando no las tenga. Prefiero ser sincera y saber poner pausas, prefiero que podamos decirnos las cosas y que confiemos el uno del otro.


De repente todo es bastante lindo, pero debo serte sincera que no siempre ha sido así. Al principio no me imaginaba la posibilidad de ser madre, no quería, me aterraba. Créeme, algún día, si tú lo decides, tendrás familia y podrás enfrentarte al terror de la posibilidad de que de tí dependa por completo la crianza de un ser humano, un pequeño ser que irá creciendo y que no será sencillo. Nadie te dice esto, pero es como una sensación llena de ilusión, pero que también preocupa: ¿qué tal que no lo hago bien?, ¿qué tal que algo pasa? Esto de ser madre tiene sus tintes algo ácidos de repente.


Después, con el paso del tiempo fui pensando diferente, total uno no nace sabiendo ser madre. Por más que me esfuerce fallaré en algo, y creo que está bien. Tal vez si tu miras mis errores y mis ganas de reparar aprendas que el mundo no se destruye por una mala decisión, que las cosas pueden salir bien si ponemos nuestro corazón en ello.


Errores que tú también cometerás y frente a los cuales nunca estarás solo. No importa lo que hagas, los errores o aciertos, nada me hará dejar de quererte. Te acompañaré a lo largo de tu historia, a veces más cerca, otras más lejos, pero quiero que sepas que pase lo que pase estaré contigo. Llegará un momento en el que yo tenga que estar más presente, pero también llegará el día en el que sólo te miraré a la distancia viendo cómo solucionas la adversidad. Por que podrás con eso, en tus tiempos y tus formas.


Ser madre es criar a una pequeña copia de tí, con sus agregados. ¡Ah! porque claro, tú traerás lo tuyo y romperás con parte de lo que yo quisiera para tí. Soy consciente de que no serás todo lo que espero y que eso es lo mejor. No quiero que seas todo lo que espero, quiero que seas tú y que seas feliz.


Querido hijo, aún no estás conmigo pero ya te llevo en mi corazón y en mi mente.

 
 
 
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