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Artículos sobre Ayuda Psicológica

  • 29 ago 2024
  • 9 min de lectura

Al hablar de la palabra “trauma” entendemos por su raíz etimológica la representación de una “herida”, por lo que entonces hacemos referencia a una marca o hecho que impacta o perjudica, y genera una modificación. Cuando señalamos que una persona posee un trauma psicológico, implica que existe una afectación importante que ha perdurado y que de no atenderse es capaz de generar un malestar crónico, entonces, así como para la medicina el trauma representa un daño o lesión a nivel físico causado por una fuente comúnmente externa, psicológicamente entendemos que la generación del trauma significa precisamente un impacto negativo que desestabiliza a la persona en muchos sentidos, teniendo una respuesta particular ante aquello que lo ocasionó y ante las consecuencias del mismo. Las situaciones adversas, aquellos eventos que atentan contra nuestra integridad y la de las personas a nuestro alrededor, son los factores que pueden convertirse en las causas que generan un trauma psicológico, sin embargo, debemos de tomar en cuenta que lo que para una persona representa un impacto emocional o una experiencia sumamente impresionante, no lo es necesariamente para otros, siendo entonces que para que el trauma se consolide, implica que los recursos psicológicos de la persona resultaron rebasados y el grado de afectación fue tan considerable que inhabilitó la capacidad para responder funcionalmente ante alguna problemática. Es necesario también explicar que hay varios factores que contribuyen para que se presente el trauma, ya que lo que está en juego no solo es un suceso perjudicial, sino que importa la edad cronológica, el entorno familiar/social/cultural, así cómo la condición de salud física y psicológica de la persona.

 

Existen diversos tipos de traumas que se dividen de acuerdo al nivel de intensidad de los factores que lo causan, las repercusiones variables y la relación con otros padecimientos psicológicos y psiquiátricos específicos, sin embargo, en el presente artículo nos enfocaremos a analizar la trascendencia que representa el trauma psicológico en la vida de las personas y las maneras viables de encontrar soluciones. A nivel subjetivo y muy singular, cada hecho traumático genera un impacto importante en las personas, no obstante, si hablamos de la particularidad de cada individuo, un evento adverso puede no implicar un daño irreversible a la vida de alguien o representar un conato de muerte, y aun así producir un efecto prolongado mediante la aparición de síntomas que alteran el funcionamiento normal. En la práctica clínica psicoanalítica, la intención no es generar una comparación que desestime las vivencias que una persona llega a tener, sino precisamente el que podamos dar importancia a que lo que le ha ocurrido, representó un parteaguas en la calidad de vida, que por más enorme o minúsculo que pueda clasificarse un problema, a nivel psicológico asume un papel preponderante y gana peso conforme perjudica la salud en general.

 

Las situaciones trágicas e inesperadas

 

Es imposible pretender tener una vida libre de conflictos en la que no se produzca ninguna sensación de amenaza real, ciertamente el proceso de desarrollo físico y mental a lo largo de los años y las etapas, por sí solo representa un factor de conflicto, porque orilla a la persona a ajustarse a su entorno de acuerdo a nuevos roles, responsabilidades y expectativas, siendo así que esta condición en ocasiones estresa, inquieta, significa tener que movernos de lugar y modificar nuestros esquemas. Entonces, vivimos atendiendo nuestras necesidades y cuidando de nuestra integridad, pero es inevitable enfrentar posibilidades de amenaza o circunstancias terribles, por ejemplo, el radicar en una ciudad que lidia constantemente con desastres naturales o que pasa por problemas de violencia social y política, guerras, sufrir accidentes que producen lesiones importantes, y ser testigo de actos de agresión y muerte, son sucesos que normalmente rebasan los recursos psicológicos de una persona y que además se convierten en recuerdos difíciles de sobrellevar, precisamente por el grado de estrés que alteró a la persona en su momento y que posteriormente anuló la tranquilidad ante el miedo de que vuelva a ocurrir.

 

El evento trágico y repentino produce una sacudida emocional y física importante en la persona, nos recuerda la posibilidad de dejar de existir, y es así como las personas que enfrentan este tipo de situaciones son muy propensas a desarrollar un trauma psicológico, siendo normal que en los días inmediatos al suceso la persona permanezca en un estado de shock, abrumo, miedo, desesperanza, pero que de igual manera la condición de trauma puede prolongar tales sensaciones por un tiempo indefinido y además intensificarlas y producir nuevos síntomas. Por ejemplo, el ser testigo de la muerte de un familiar mediante un accidente podrá generar una reacción de alteración inmediata, respuestas descontroladas mediante llanto, asombro e incomprensión; sin embargo, el quiebre emocional que conlleva con el tiempo cuando no se logra sobrellevar el evento, hace que el recuerdo tenga tanta relevancia que reviva la sensación de malestar cada vez, aunado a desencadenar enfermedades físicas y psicológicas.

 

A pesar de que nadie estamos preparados en su totalidad y tampoco esperamos vivir una situación adversa, sí es posible que las personas que cuentan con recursos personales y psicológicos efectivos tengan un pronóstico con mayores posibilidades en comparación con aquellas personas que viven en una condición vulnerable. En este sentido todo aquello que le brinde soporte a una persona, le ayudará a sostenerse anímica, mental y físicamente al momento de tener que enfrentar una situación que lo vulnere. Por ejemplo, el contar con una salud física en optimas condiciones, vivir en un entorno familiar de amor y comprensión, contar con vínculos sociales que funcionan como redes de apoyo sanos, tener experiencia sobrellevando problemáticas pasadas, haber logrado enfrentar pérdidas significativas, poseer capacidad de introspección, alta autoestima, conocimientos en temas específicos de salud y autocuidado etc., representan esos recursos que impulsan a una persona para abordar con mayor facilidad un evento trágico; claro está, que con esto no pretendemos asumirnos como invencibles o insensibles, sino que bajo condiciones de “estabilidad o equilibrio” el impacto de la situación traumática resulta considerablemente menor a largo plazo, e incluso muchas de las veces no se convierte propiamente en un hecho que produzca padecimientos posteriormente.

 

El trauma de la infancia y su permanencia durante el tiempo

 

Mas allá del impacto negativo de una experiencia trágica e inesperada, la condición de trauma psicológico también se desarrolla a partir de sucesos constantes, prolongados, incluso mediante intervenciones dosificadas pero recurrentes que recibimos de terceros, lo cuales representan todo tipo de maltrato, físico, psicológico y sexual. La niñez es una etapa crucial del desarrollo del ser humano, y es también un periodo en el que nos valemos de nuestros cuidadores principales, los tutores, los padres. Lamentablemente es una realidad que niñas y niños en su estado de indefensión, son víctimas de este tipo de maltrato por parte de familiares, así como en la escuela y en su entorno social, perjudicando de manera importante el proceso normal de desarrollo, lo que conlleva a la generación de problemas comportamentales, de salud emocional y física, así como reducción de habilidades sociales y cognitivas, lo que además limita el aprovechamiento escolar. La persona que lidia con este tipo de repercusión durante la niñez, tiende a crecer con una serie de carencias que se ven reflejadas de maneras distintas durante la adultez, por lo tanto, el trauma psicológico puede ser representado por hechos que ocurrieron años atrás y de los que no se encuentra una salida efectiva, generando un proceso de enfermedad en la persona adulta, un malestar que en ocasiones pareciera contenerse y en otras se manifiesta de manera muy notoria afectando la calidad de vida.

 

Las situaciones de maltrato provenientes de comentarios ofensivos, que demeritan al niño, lo relegan y no se le da su lugar dentro de la familia, así como los actos fuertes de violencia física y psicológica, provocan un impacto que genera no solo un efecto inmediato a manera de respuesta, sino una repercusión que a la larga compone la condición del trauma psicológico y altera el funcionamiento normal de la vida. A menudo, padres responsables y comprometidos pueden preguntarse si el hecho de aplicar reglas de disciplina y limites en los hijos, pueda representar un trauma con el tiempo, y la respuesta inmediata a tal interrogante es que no, ya que un estilo de crianza amoroso que se fundamente con base en el respeto y la comprensión, no amerita que se le provea al hijo de todo cuanto pide, de modo que una educación sana desde el ceno familiar posibilita que el niño integre la capacidad para tolerar la frustración y el control de sus impulsos.

 

Sin embargo, existen actos que pueden pasar por sutiles actitudes de los padres o cuidadores, pero que finalmente representan un impacto negativo en la vida del niño. Por ejemplo:

 

1.    Cuando el padre ignora los logros y se enfoca especialmente en los errores.

2.    Las constantes comparaciones con otros niños, enfocándose en realzar las características negativas del hijo.

3.    Comentarios ofensivos normalizados, que no advierten el dolor emocional que provoca en el hijo, muchas de las veces en tono de burla o broma: “este niño es un tonto, pero lo quiero mucho”, “el niño habla muy delicado, no será joto” “yo ni quería ser padre, hubiera preferido que no nacieras, pero aquí estás”.

4.    Responsabilizar al niño de las problemáticas del hogar.

5.    Permitir que el menor tenga acceso a contenido de entretenimiento o actividades que no son acordes con su edad, como ver contenido pornográfico o de excesiva violencia, así como el consumo de alcohol, tabaco o sustancias ilícitas.

6.    Actos de negligencia que descuidan la salud y el desarrollo en general del menor, como ignorar la importancia del aseo y cuidado personal, no regular la alimentación y permitir el consumo excesivo de comida no saludable, así como restringir la comida como un método de castigo.

7.    Limitar oportunidades de desarrollo personal y académica, prohibir el contacto social con otros niños y personas en general.

8.    La descarga de frustraciones del cuidador/padre, en el hijo.

 

Estos son algunos ejemplos de acciones que se transforman en recuerdos impregnados de dolor emocional, antecedentes que en la persona poseen un peso con el que carga y que en algunas ocasiones pueda no estar consciente de la relación de estos hechos con los síntomas que padece en la actualidad. Por este motivo, es importante que cada vez más los padres y cuidadores puedan concientizarse acerca del estilo de crianza que proporcionan a los hijos con la finalidad de evitar la generación de traumas.

 

Efectos notorios del trauma psicológico

 

La manera de identificar la presencia de un trauma en ocasiones no requiere de un esfuerzo de análisis considerable, así también hay otros casos en los que el trauma representa un aspecto tan arraigado en la personalidad del individuo que se disfraza por una serie de hábitos o conductas normalizadas, que la misma persona no logra advertir respecto a la disfuncionalidad. Si contemplamos hechos significativos adversos en la vida de una persona, ya sea en la niñez, adolescencia o etapa adulta, es común que aparezcan notorios síntomas que comienzan a perjudicar la estabilidad emocional, por ejemplo:

 

1.    Síntomas de depresión y ansiedad, como periodos de llanto recurrentes y prolongados, agitación, inhibición, miedos crónicos, pérdida de energía.

2.    Pensamientos angustiantes e irracionales, afectaciones en la agilidad mental.

3.    Crisis nerviosas y ataques de pánico recurrentes.

4.    Evitación social.

5.    Pérdida de motivación por actividades cotidianas, escolares o laborales.

6.    Cambios de humor repentinos.

7.    Malestares psicosomáticos como cefaleas, dolores gastrointestinales, náuseas, afectaciones en la piel, alteraciones en el apetito, insomnio.

8.    Conductas impulsivas y autodestructivas.

 

Las afectaciones mencionadas son algunas consecuencias agrupadas de manera general, que ayudan a identificar la presencia de una anomalía en la salud mental y física de la persona; es común que el trauma psicológico aparezca mediante un conjunto de síntomas, ya que un tipo de afectación suele desencadenar otros tipos de manifestación generando una repercusión a nivel sistemático, así por ejemplo la prevalencia de la ansiedad como padecimiento perjudica el estado de ánimo y se manifiesta a nivel físico. Por lo tanto, independientemente del origen, el tipo de trauma, la intensidad de los síntomas y las repercusiones en la vida de la persona, es importante tener en cuanta el buscar ayuda profesional, el poder atender los padecimientos desde diversos enfoques ya sea mediante atención psicológica o médica, ya que es posible que con la debida intervención se pueda superar el trauma psicológico y lograr restarle el valor y peso que obtuvo por la trascendencia de los hechos.

 

De igual manera, es necesario tomar en cuenta que podemos contribuir para apoyar en la inmediatez a las personas de nuestro alrededor, cuando observamos que presentan indicios de conflicto emocional y mental, ya que el acompañamiento y el poder de la conversación posibilitan de primera mando el desahogo y la oportunidad de poner en palabras aquello que le aqueja, logrando tener un primer contacto que puede ayudar para brindar una orientación y aclarar que no es normal que una persona viva con una serie de padecimientos, siendo importante el recomendarles buscar apoyo psicológico y médico profesional.
















Lic. José Ruy García

Psicólogo clínico

Asociación Libre - Monterrey

 
 
 

Cuando una pareja decide traer un hijo al mundo, en los #padres comienzan a aparecer #deseos y expectativas acerca de lo que esperan de éste, a veces pueden ser compartidos, pero incluso también cada uno crearlos individualmente. Estos aspectos pueden incluir desde el sexo que preferirían que fuera, el nombre que eligen para él o ella, pero también las cualidades o características de su personalidad que quisieran que tuviera, así como la profesión a la que les gustaría que se dedicaran, sin embargo, aunque esto es inevitable que suceda, es muy importante que como padres podamos detectar hasta qué punto es sano influir en nuestros #hijos para ello pues respetar sus #deseos, sus aspiraciones, su personalidad y finalmente, sus decisiones es primordial.

 

De esta forma, es que cada #hijo tiene una particular forma de ser visto e incluso tratado por parte de sus padres ya que esto varía a raíz de las emociones que puedan estar presentes desde antes de su concepción, por ejemplo, a veces se le trata de cierta forma a causa de que es el primogénito, en otras ocasiones por ser el que nace luego de una circunstancia en particular de la vida familiar o incluso de la madre, también por ser el o la que nació al final o al ser el único varón o la única mujer de entre los hermanos.


Pero, ¿qué pasa si como #padres empezamos a generar #deseos o expectativas solo orientadas hacia nuestro bienestar?, como pudieran ser:

-          “Mi hijo más pequeño me cuidará cuando yo sea vieja”

-          “Mi hija mayor se encargará de sus hermanos cuando yo muera”

-          “Éste hijo será mi compañía luego del abandono de su papá o mamá”

-          “Tú debes encargarte del negocio de la familia”

-          “Éste hijo nos dará unión familiar”

 

Tales frases provienen de #deseos o expectativas parentales que a veces pueden decirse en tono de broma, pero finalmente terminar actuando de ésta forma y generar también en los hijos ideas de lo que sus padres están esperando de su comportamiento y con ello estar limitando que puedan generar un desarrollo con autonomía.

 

Entonces, es que podemos detectar que #hijos pueden llegar a percibir esto como una obligación que deben cumplir y de lo contrario, la posibilidad de lidiar con una carga de culpa que tampoco le generaría bienestar en su estado emocional. Y, por tanto, puede ser común que en hijos que deciden cumplir con lo deseado por los padres ciegamente lleguen a verse ciertas manifestaciones a nivel psicológico, por ejemplo:


-          Dificultades para establecer vínculos de pareja o de hacerlo, las complicaciones para establecer límites con los padres terminen afectando estas relaciones.

-          Importantes sentimientos ambivalentes hacia el papel o rol familiar que se ocupa.

-          Sentir frustración por no haber cumplido expectativas propias.

-          Tener una baja autonomía para tomar decisiones en su vida personal.

 

Incluso, estas emociones pueden estar presentes cuando se decide estar con los padres, durante su estancia y también después, y en muchas ocasiones al finalizar este proceso debido a que hubo el fallecimiento del progenitor pueden acentuarse estos sentimientos y comenzar a serle más difícil llevar una vida independiente.

 

Finalmente, si pudiste identificar circunstancias de tu vida que se asemejan en cualquiera de los dos papeles, ya sea como #padre o como #hijo, es importante que consideres ésta información, pero también elegir la decisión con la que más cómodo te sientas e incluso, poderlo tratar con un especialista que te ayude a trabajar todos estos aspectos también pudiera ser de beneficio.
















Lic. Carolina Villarreal

Psicóloga clínica

Asociación Libre - Monterrey

 
 
 
  • 8 ago 2024
  • 3 min de lectura
Existen múltiples factores que en conjunto determinan que una relación sea próspera o no, sin embargo, los procesos de psicoterapia te ayudan a conocerte mejor, conocer a tu pareja y también, a encontrar mejores maneras de convivencia que fortalezcan vínculos sanos.

A lo largo de nuestra vida hemos crecido con una idea del #amor muy distinta a lo que en realidad sucede en las relaciones de pareja, afortunadamente y de manera cada vez más frecuente se ha comenzado a tener una cultura distinta en la que se ha popularizado el romper con estos mitos del #amorromántico que los cuentos de Disney o las telenovelas suelen presentar, demostrando con ello que esto no es un reflejo de lo que pasa en un noviazgo o matrimonio.


El #amorromántico nos muestra ideas falsas que conllevan a expectativas irreales de una relación de pareja, de cómo debería ser y comportarse la misma e incluso de cómo debería comportarme yo en ella. Si bien, algunas de estas ideas en su mayoría pueden estar presentes al inicio de las relaciones, se espera que con el tiempo se modifiquen para que los vínculos sean más sanos y maduros.


Podemos decir que al comenzar las relaciones se da el proceso del enamoramiento, en el cual existen cambios biológicos que incluso influyen en algunas de estas manifestaciones de las que queremos hablar y la primera, es la relacionada a la idealización de la pareja que va generando que la percibamos de manera poco realista, sobrevalorando sus cualidades y minimizando defectos. Sin embargo, respecto a ello podemos decir que este enamoramiento desactiva la vía neuronal responsable de ciertas emociones como el juicio social, por este motivo, la parte del cerebro que nos ayuda a realizar evaluaciones críticas de otras personas, incluidas nuestra pareja, se cierra y de ahí que la forma en que la detectamos no sea objetiva. Con el tiempo, se espera que se pueda lograr una valoración de la pareja realista, que incluya tanto sus virtudes, como también que se le vea con la posibilidad de errar como cualquier ser humano lo hace.


Otra manifestación del #amorromántico es considerar que estos pequeños defectos que por ahora se detectan, como pueden ser relacionados al carácter, al temperamento o incluso la presencia de hábitos nocivos, con el paso del tiempo se verán atenuados o que a través del amor se puede ayudar a cambiarlos y lamentablemente es una visión que tiende a ser equivocada, pues aunque es posible que una persona pueda modificar cualquiera de estos aspectos, ello conlleva un arduo trabajo, en el que dé inicio tiene que estar presente el deseo individual de quererlo hacer, también, fuerza de voluntad, persistencia e incluso, en muchas ocasiones, el apoyo de un proceso de psicoterapia.


El amor romántico nos muestra ideas falsas que conllevan a expectativas irreales de una relación de pareja. Si bien, algunas de estas ideas en su mayoría pueden estar presentes al inicio de las relaciones, se espera que con el tiempo se modifiquen para que los vínculos sean más sanos y maduros.

Cuando existe prevalencia de la etapa de #enamoramiento la desactivación neuronal también ocurre en emociones como el miedo y, por tanto, es que en estos momentos puedan tomarse decisiones más rápidas e incluso llegar a ser impulsivas. Por el contrario, en épocas posteriores en las que una pareja ha madurado, ambos pueden reflexionar sobre los aspectos favorables y en contra de una situación en particular para poder tomar una mejor decisión y con la que se sientan tranquilos.


Llegar a un estado de madurez en una relación de pareja no es un proceso sencillo pues implica un trabajo de conocimiento, análisis y gestión emocional individual pues de lo contrario, es difícil que se logre este trabajo en conjunto. Cuando uno de los integrantes de la relación no se encuentra dispuesto a trabajar sobre sí mismo se puede caer en ideas poco sanas de las relaciones, como es la de “la media naranja” que tiene que ver con la necesidad de encontrar a una persona que viene a complementar tu vida para hacerte sentir feliz, sin embargo, en ello se perpetúa la percepción de estar incompletos y, por ende, con menor felicidad mientras no se tenga una pareja.


También, hemos escuchado la frase de “el amor todo lo puede”, la cual puede ser una predisposición que genere forzar permanecer con quien se ha elegido como pareja para superar todo tipo de conflictos, lo cual puede ser sumamente peligroso pues está negando la posibilidad de salir de un vínculo que pueda ser perjudicial.


Finalmente, existen múltiples factores que en conjunto determinan que una relación sea próspera o no, sin embargo, los procesos de psicoterapia te ayudan a conocerte mejor, conocer a tu pareja y también, a encontrar mejores maneras de convivencia que fortalezcan vínculos sanos.















Lic. Carolina Villarreal

Psicóloga clínica

Asociación Libre Monterrey

 
 
 
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