Los primeros meses en la vida de una madre con su bebé.

Actualizado: mar 8

Existen muchos temas alrededor del desarrollo de un bebé recién nacido y los cambios que se originan en la madre. Desde modificaciones en el cuerpo, a nivel hormonal, cognitivo, etc. Pero poco se habla de los acomodos emocionales y psíquicos de estos dos seres que llevan poco tiempo de conocerse.


Hablar de la dupla madre-bebé y sus acomodos es desglosar los ritmos y formas de irse conociendo estos dos (y tres) extraños y tener distintos encuentros. Y si, digo tres, porque el padre también está dentro de esto, incluso, el padre permite que un encuentro mayor consolidado se pueda dar, pero ese sería otro tema más extenso del cual hablaremos después en otro artículo.


Además, siendo sinceros, en lo cotidiano poco se habla de los acomodos complejos de la maternidad. De manera regular en la cultura mexicana la llegada de un bebé está cargada de imágenes tiernas y de ensueño con personajes como una madre sonriente y tranquila y un bebé en silencio siendo amamantado, o de esta dupla sonriendo y jugando en una casa perfectamente decorada y en orden, donde poco espacio hay para esas escenas donde justo estos mismos personajes no se encuentran del todo contentos y tranquilos. Nos topamos con madres muchas veces sobrecargadas de información que encuentran en diferentes lugares como internet, experiencia de amigas, de su mamá, del doctor, etc. Son madres rebasadas por experiencias ajenas que poco se detienen a mirar su propia experiencia y a hacerle caso a su instinto.


Y desde el otro lado, bebés sometidos a una competencia con otros bebés o con recién llegados con habilidades extraterrestres como el aprender a caminar, sentarse o leer más rápido y poder llegar a ser niños “genio” cuando justo el desarrollo lleva pausas y poca prisa. El panorama desafortunado muchas veces es así, por eso la importancia de poder detenernos a preguntarnos y reflexionar sobre la subjetividad en el conocerse uno al otro madre y bebé.


Al inicio son dos extraños o algo más o menos así. Dos extraños que se acaban de conocer, incluso aunque los padres tengan más hijos, es una realidad que la experiencia con cada uno de ellos cambia: ni es el mismo niño, ni son los mismos padres, el momento histórico del nacimiento es diferente y el contexto también.


Durante el embarazo una madre deseante de un hijo va dándole al bebé actitudes y comportamientos sin antes haberle visto el rostro. Por ejemplo, si el bebé es muy inquieto dentro del vientre la madre le puede colocar conductas como bailar, nadar, patear, e incluso hasta posibles profesiones como ser futbolista. Los padres le hablan al bebé, aunque saben que no podrá responderles de la misma forma, piensan en un nombre, un animalito que lo pudiera representar, le dotan de apodos cargados de afecto y le decoran un espacio al que pueda llegar. Todos estos son pasos en este camino. Incluso también, si reflexionamos todavía más, esto pudo iniciar desde antes, donde sin que haya un bebé en el vientre, los padres lo van construyendo en su pensamiento y deseo.


El impacto al nacer implica materializar a “ese” que se ha estado pensando. Verle por fin su cara, su cuerpo. Saber que está bien y que podrá respondernos de alguna forma.

Diferentes textos psicoanalíticos hablan sobre lo importante de la sonrisa de un hijo a sus padres ya que, por medio de ésta, permite que algo que se movilice: el que éste les responda para que no les sea tan ajeno, como si entre líneas se dijera “si, estamos juntos en este diálogo”. Si este hijo les responde a ellos con una sonrisa cuando llegan a casa da una sensación de ¡Claro, este hijo es mío y me responde a mí!”.


De manera similar los padres van encontrándose en la forma de dormir, en la traducción del llanto, en los “modos” de este bebé y lo que se va dibujando en su temperamento. Aquello que los sorprende o que muchas veces no logran entender. La angustia de los padres primerizos de que el bebé todavía no pueda hablar pero que llora, sufre, le duele y no se sabe exactamente por qué, que ellos lo tienen que averiguar.

Y al averiguarlo hay desaciertos. Los padres se enfrentan a su cansancio por no dormir del todo bien, se topan con enfermedades de ellos o del bebé que no saben cómo tratarlas, etc. Algunos padres se apoyan en sus mismos progenitores o adultos de confianza con los cuales puedan rebotar ideas o hasta hablar de su angustia, en redes de apoyo saludables encuentran un bálsamo que los sostiene, en casos más desafortunados encuentran más angustia. Todo esto a lo que se enfrentan los padres muchas veces se vive en silencio o con pocas personas alrededor porque, como mencionaba anteriormente, hay pocos espacios para hablar de lo angustiante o muchas veces terrorífico de ser padres.


Y hablando un poco sobre el papel del padre en estos acomodos pienso que justo el acompañar y sostener desde los cambios corporales de la madre, hasta el involucrarse en el cuidado de su hijo. Algo que mencionan muchos padres es que “si de por sí es sumamente pesado cuidar de un bebé, sólo es mucho más difícil. Entre dos es más ligero y te vas acomodando”. Y claro que hay mucha razón en esto. Tanto para la madre, pero también pienso en el bebé que puede ser cargado por unos brazos distintos y contenidos por otra voz y formas que también lo nutren en su psiquismo. Como si le padre proporcionará una pausa diferente. Si lo pensamos como una melodía, pudieran ser esos cortes que se pueden escuchar donde el ritmo cambia y nutre haciendo más variada una composición. Pienso que un padre involucrado y comprometido brinda sostén a esta dupla que se va armando junto con él.


Por esto la importancia de formar redes de apoyo en torno a la madre (primeriza o no) durante su embarazo y después de éste. Ya que, como mencionamos anteriormente, cada embarazo es distinto y se vive diferente. Una red que pueda escucharla y acompañarla en estos acomodos. Lugares donde, más allá de recibir siempre consejos, pueda rebotar sus propias ideas para reflexionar y pulir su instinto como mamá. A fin de cuentas, será éste el que la guiará en la crianza de su bebé.

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