Los villanos de la vida real

Actualizado: mar 8

No hay historia sin villano. Incluso en la literatura, en el cine (desde las películas las películas románticas y en las de comedia), en dibujos animados, series de televisión, etc., en muchas historias existe un personaje con tintes malvados y perversos que le dan sentido y adversidad a la trama. Dichos personajes seducen al público, provocan atracción, tanto en el sentido de admirarles, como también en la búsqueda de perseguirles. Las características de los villanos se relacionan con personalidad psicopática y aunque no es así en todos los casos, quienes comparten las particularidades de un profundo desinterés por los demás, pueden entrar dentro de este tipo personalidad.


Muchas de las historias narradas suelen terminar con final feliz. Sin embargo, esto en realidad no ocurre con frecuencia, al contrario, cuando alguien llega a relacionarse o vincularse con una persona con psicopatía, las historias se vuelven tormentosas y regularmente no tiene un desenlace favorable. En la vida cotidiana, resulta más común de lo que pensamos el estar cerca de alguna persona con características de psicopatía, incluso lo podemos observar de forma tangible en las noticias que vemos a diario aunque que tal vez no parecieran tener un repercusión o una magnitud grave de sus acciones: políticos que abusan de privilegios y del poder, estafadores, vendedores de cualquier método de “curación milagrosa”, criminales, empresarios sin escrúpulos, profesionales ejerciendo sin ética, personas que incurren en violencia familiar grave. Todos los anteriores, cuentan con características en común, tales como: un desinterés significativo por el derecho de los demás, carente capacidad de sentir empatía, una marcada tendencia a mentir y a manipular a los demás, falta de remordimiento y están impedidos a modificar su comportamiento, etc. Cabe mencionar, que no en todos los casos presentan todos estos rasgos de personalidad, ni todos quienes cometen crímenes son psicópatas. Tampoco, todo sujeto con psicopatía o trastorno antisocial de la personalidad llega a cometer actos en contra de la ley.


Igualmente, existe debate en diferentes ciencias (psicología, sociología, biología y criminología) para establecer si existe una “cura” o una modificación de la conducta en este tipo de casos, ya sea para tratamiento psicológico o en el ámbito penitenciario, donde en este último se pone en duda la capacidad de reinserción en personas con estas características. Lo que es un hecho y en base a la experiencia personal y de diversos colegas en materia de psicología, es que en muy pocas ocasiones (haciendo énfasis en muy pocas), alguien con esta problemática asiste a algún tipo de psicoterapia, al menos que ésta sea solicitada o impuesta por una autoridad en una cuestión legal o de tratamiento penitenciario, o en dado caso de asistir a tratamiento psicológico no es a causa de las repercusiones que generan ellos en los demás por su comportamiento.


No obstante, hay que preguntarnos cómo es que a pesar de que en la actualidad existe tanta información acerca de la psicopatía o el trastorno antisocial, aún tenemos problemas graves en todos los ámbitos. La respuesta está en dos características adicionales: por un lado, poseen una marcada habilidad para agradar a los demás y, por otra parte, logran detectar con mucha facilidad los puntos vulnerables de las personas, condiciones que facilitan el abusar de terceros. Un ejemplo tangible y que nos aqueja como sociedad lo podemos observar en los casos de violencia familiar, de allí que no es poco común observar las dificultades que tiene la víctima para conseguir moverse de una relación en la que está en riesgo su integridad física y emocional. Tampoco es inusual escuchar a las víctimas de este tipo de dinámica mencionar que el agresor muestra una cara o fachada totalmente distinta frente a las personas externas al núcleo familiar, donde incluso personas ajenas a la problemática pueden poner en duda la violencia que ejercen los agresores.


Entonces ¿qué debemos hacer frente a esto? Ante esta circunstancia podemos tomar varios caminos. Uno de ellos tiene que ver con la prevención desde la crianza de todo individuo el cual es el camino más importante y que puede ser más fructífero con el paso del tiempo, no obstante, es la vía más menospreciada por las autoridades tanto de seguridad pública e incluso por las de la salud para intervenir con familias que lo requieren. Sin embargo, sabemos gracias a aportaciones de diferentes ramas de la psicología, en especial la concernientes al psicoanálisis, que el proveer de un ambiente afectivo y de protección a los infantes, les permite a los niños y niñas desarrollar preocupación por sí mismos y por los demás, generando que en la edad adulta pueden experimentar la empatía.


Otro camino tiene que ver con el trabajo preventivo con el agresor, aunque como ya se mencionó anteriormente, resulta ser el más complicado ya que si el “villano” tiene arraigado un desinterés en el modificar su comportamiento, difícilmente logrará asumir como desajustadas sus acciones. Es importante puntualizar que solo esto aplica si la persona realmente presenta características reales de psicopatía, porque desde luego existen sujetos con problemáticas emocionales profundas que pueden influir en que realicen actos impulsivos en contra de terceros y aunque parezca algo paradójico, estos actos también les generan sufrimiento a sí mismos. Si estas personas tienen la posibilidad de asumir como doloroso su actuar, existe oportunidad de brindarle atención, sin que esto llegue a ser fácil. También cabe señalar que todos en algún momento podemos fungir en ese papel de villano para alguien más (claro, nadie es perfecto), podemos convertirnos en “personas tóxicas” ya sea con intención o sin ella, pero lo que nos pondría en un lugar contrario al que ocupa el psicópata, es precisamente la presencia de la culpa, el arrepentimiento real, el deseo de reparar la falla que se cometió ya sea con el agraviado o en algún otro lugar, siendo una condición transitoria, errores que se intenta no volver a cometer.


Por último tenemos el tercer camino, que es el trabajo personal, en el que se uno mismo tiene que detenerse a atender las situaciones o conflictos en los que atravesamos y que su vez nos hacen susceptibles a vivir situaciones de violencia o de abuso de terceros, de allí que es importante recordar que el psicópata tiende detectar los puntos endebles de la personalidad de la víctima, ya sea de necesidades afectivas o estados emocionales vulnerables. Por ejemplo, un estado de sensación de soledad o la depresión pueden ser factores de los que alguien con psicopatía puede sacar provecho, incluso acrecentando ambas a través de agresiones verbales, devaluando a la persona o alejándola más de los vínculos o redes de apoyo de terceros (como es de la familia y amistades) para incrementar la dependencia hacia el agresor. Una herramienta eficaz es la reflexión acerca de nuestro estado emocional, entre mayor es la auto crítica y baja autoestima, también resulta más complicado el encontrar herramientas para enfrentar estas adversidades.


Asimismo, es importante explorar y pensar cuales son las condiciones que nos llevaron a vincularnos en relaciones de peligro, siendo de utilidad identificar si en nuestra familia de origen existió violencia. Hay que recordar que en muchas ocasiones repetimos historias familiares y la forma en que aprendemos a vincularnos en la familia, son de gran influencia en las relaciones de amistades y de pareja que hacemos posteriormente en la etapa adulta. Al momento de darnos cuenta de la presencia de estas situaciones vulnerables, es indispensable solicitar ayuda de nuestros allegados y acudir a atención psicológica profesional.


Nadie está exento de ser víctima de un “villano”, tampoco es culpa de quien sufre de algún conflicto emocional el ser objeto de violencia, pero los recursos que desarrollemos nos brindaran herramientas para movernos de lugar y encontrar soluciones a este tipo de situaciones complicadas.

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