Quiero ser madre

Actualizado: mar 8


Quiero ser madre, pero tengo miedo. Miedo porque se supone que debería de cumplir con las expectativas de “ser madre”: Dejar todo por mi hijo, sacrificar mi vida en todo momento, ser buena y bondadosa. Y es aterrador, ¿qué tal que no puedo lograrlo?


Volteo a ver a mi propia madre y recuerdo que ella se cansaba, que a veces se ocupaba, o incluso, que no quería hacer algunas cosas. Y ahí entraba mi papá a hacer relevo algunas veces, otras tantas decían que estaban cansados; y si, me imagino que ser padres no es nada sencillo.


Alrededor todos dicen que es una bendición, que es una etapa hermosa de la vida de toda mujer, etc, etc. Yo pienso que sí, pero también pienso en mi trabajo, en mi cuerpo, en mi pareja y en lo económico. No nada más es lo bonito, sino todo lo que eso conlleva. Supongo que si todos viéramos nada más lo difícil de la parentalidad nadie quisiera ser padre. Supongo que el deseo ayuda a aliviar un poco eso, supongo que uno aprende que cumplir lo que uno desea tiene un costo, y que a veces se va pagando poco a poco y otras veces de golpe.


Me da ilusión el embarazo, el cómo irá creciendo, los ecos, las visitas al doctor y demás. Pero también tengo dudas de los cambios en mi peso, de que todo vaya saliendo bien, me da miedo perder el cuerpo que tengo ahora, ¿ese se recupera? Tener un bebé deja marca y no estoy segura de que esa se quite.


Y es que nadie habla de eso, me parece que las madres tienen pocos espacios para quejarse. Si es común que se quejen de su pareja, de la casa, pero de los hijos de pronto parece como algo horroroso, como si nos convirtiéramos en “malas madres” nada más de pensar y añorar aquella vida que teníamos antes de encargar familia. Pero la realidad es que son cambios complejos de vivir, son cambios que forman duelos, y todo duelo lleva un dolor y una despedida.


Lo he hablado con mamá. Me dice que es normal sentirse así, que muy pocas hablan de lo mal que se sienten a veces o de los sentimientos encontrados en esta etapa. Me dice que las madres a veces se acostumbran a callar lo que sienten porque creen que con eso pueden lastimar, y no. Todo lo contrario, esos sentimientos pueden construir un vínculo.


Quisiera que mi hijo tenga a una madre que pueda ver llorar y reír, a una madre que reconozca cuando está cansada en lugar de hacer las cosas a la fuerza, que se siente a jugar, aunque no sepa, que lo regañe porque lo quiere y no que le compre todo para que no se enoje. Una madre que no lo sepa todo y que sepa preguntar o delegar a alguien que conozca la información. Una mamá que acepte sus errores para que también pueda aceptar los de él. Una madre que se cuestione sobre su vida, que imagine y dude, para que él también pueda dudar, una madre que lo comprenda en sus períodos difíciles porque ella ha podido salir de ellos, una mamá que cumpla por ella misma sus expectativas para que no se las encargue a su descendencia. En fin, una madre más humana y no de cartón. Una madre que lo ame por sobre todas las cosas porque ella sabe amarse igual, alguien que no le cobrará las renuncias que tuvo que hacer para tenerlo, en fin, una madre que se hace cargo de lo que desea y reconoce que madre e hijo pueden coexistir sin que uno de ellos desaparezca al otro.


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