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Artículos sobre Ayuda Psicológica

  • 21 nov 2019
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 8 mar 2020

En los últimos años, el estrés ha sido un tema presente y significativo. Es común que, en conversaciones cotidianas con amistades y familiares, se haga referencia al estrés que implica realizar tal o cual actividad de trabajo. Igualmente, ya no nos es ajeno el conocimiento de las repercusiones que trae consigo el estrés laboral, aunque aún podemos observar cierta resistencia a acudir con especialistas en la materia para enfrentar el estrés del trabajo.


En la actualidad, no solo tenemos que hablar de estrés laboral, ahora hay que enfrentar al síndrome del burnout, que es la sintomatología que aparece como respuesta fisiológica a estar sometido al estrés de forma prolongada. Tuvimos que ir más allá. El estrés no solo comenzó a aparecer a en períodos cortos, en los cuales se tenía que cumplir con una tarea signada en corto tiempo, esperando que, una vez cumplida con la encomienda, apareciera un momento de relajación y recuperación física. No obstante, en el burnout, esta fase de recuperación no sucede, sino que nuevamente aparece una nueva tarea que no permite el descanso al organismo y que aumenta la sensación de estrés y que puede llegar a tener consecuencias adversas, incluso hasta fatales.


Todos en cierto modo estamos expuestos a experimentar estrés en algún momento de nuestra vida,

sin embargo, hay personas que pueden estar más expuestas a presentar reacciones negativas ante el estrés. Desde luego, tiene que considerarse el tipo de trabajo que realiza, por ejemplo, trabajos de servicios a clientes, o laborar en actividades que implican un riesgo real a nuestra integridad, como es el caso de quienes se dedican a realizar tareas vinculadas al ámbito policiaco y militar (con mayor razón, esto ocurre en nuestro país), se encuentran más expuestas a presentar síntomas de estrés. Igualmente, trabajos relacionados a las ventas o con tareas rutinarias. Del mismo modo esto ocurre con empleos en las que las decisiones son determinantes, como lo es en el caso del área de la medicina (médicos y enfermeras) o de altos niveles en los cuales, una decisión mal tomada puede implicar la pérdida de empleos para terceros.


Para ubicar la gravedad, el grado y las repercusiones negativas que trae estar expuesto al estrés laboral es importante evaluar si estamos expuestos a factores tales como presión constante y excesiva de los jefes, acoso laboral o sexual dentro del trabajo, falta de liderazgo y organización en las empresas y convivencia adversa con colegas. Contrario a lo que se puede llegar a pensar, el estrés laboral no disminuye con el incremento del salario, de allí la importancia prestar atención e intervenir a nivel preventivo en las empresas y organizaciones para mejorar las condiciones laborales del trabajador.


Los anteriores indicadores, son considerados como factores externos o exógenos, que de cierta forma pueden aparecer como ajenos al sujeto. Afortunadamente, poco a poco la psicología desde sus diferentes enfoques ha tenido mayor intervención en las empresas para mejorar las condiciones de trabajo lo cual recientemente en México se observa con las modificaciones a la Reforma laboral en México (NOM-035-STPS) que comenzó a operar a partir de octubre de 2019, la cual da lugar a la identificación de riesgos psicosociales y la promoción de un entorno organización favorable, con el fin de disminuir el estrés laboral. Se puede pensar que al cambiar el contexto o el ambiente la persona, podemos combatir el estrés laboral. Sin embargo, en algunos casos, aún y cuando cambiamos los factores o incluso de empleo, esta misma sensación de estrés laboral subsiste. Si esto te ha ocurrido alguna vez, es momento de detener a analizar, qué es lo que pudiera estar ocurriendo, esto para considerar la posibilidad que el origen del estrés no tenga que ver necesariamente con el trabajo, sino con algo personal y con la forma que enfrentamos los problemas que se nos presentan.


En muchas ocasiones, el estrés laboral puede desencadenar trastornos vinculados a la ansiedad y la depresión. Sin embargo, es necesario acudir a psicoterapia para identificar de manera precisa si dichos cuadros de ansiedad o depresión son derivados del estrés laboral o que, en su defecto, sean a consecuencia de otras situaciones por las que estemos atravesando, que, desde luego, sí pueden considerarse como estrés, pero con una génesis distinta. Esto es importante, porque podemos estar atravesando por conflictos de pareja, familiares o personales vinculados a la sexualidad, o por no alcanzar metas personales, y que, para defendernos de ello, de forma inconsciente lo desplazamos o convertimos a insatisfacción laboral, esto con el objetivo de evadir la angustia real que provocan esos otros problemas que nos aquejan. A pesar de ello y cualquiera que sea el motivo, si en algún momento presentamos desmotivación constante, tensión, ansiedad, depresión, insomnio, desesperación o insatisfacción constante con nuestras actividades laborales es motivo urgente de acudir a psicoterapia.

 
 
 
  • 16 oct 2019
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 8 mar 2020

Año con año miles de personas, sobre todo a inicios de año, se plantean el objetivo anual de bajar de peso. Incluso, es el propósito de año nuevo que aparece de forma más recurrente y a su vez, puede ser el propósito que menos se logra cumplir. El acudir con un especialista en la materia es indispensable para conseguir bajar de peso, ya sea con nutriólogas o nutriólogos, bariatras, endocrinólogos, así como también con profesionales del deporte que con actividad física faciliten el objetivo de quemar de calorías. Es con el trabajo interdisciplinario el medio con el cual se puede alcanzar la meta de bajar de peso con mayor eficiencia.


Sin embargo, ¿te ha ocurrido que a pesar de tener este tipo de apoyo profesional, no logres bajar de peso? ¿Te ha sucedido que en todo el día cumpliste con la dieta, pero al finalizar del día falla la tenacidad e ingieres alimentos prohibidos por el especialista? ¿Te han recomendado hacer un poco de ejercicio? ¿Te ha ganado el cansancio? Al iniciar la dieta ¿qué tanto confías en que lo lograrás? ¿Crees que esto influya en que no logres bajar de peso?


Un factor que en ocasiones no se le da la debida importancia para bajar de peso tiene que ver con el estado emocional por el que atraviesa la persona, incluso, este puede ser el motivo más predominante para que no se lleve a cabo los regímenes alimenticios, apareciendo comportamientos que sabotean todo el esfuerzo y trabajo aplicado para bajar de peso. El estado emocional tiene una influencia muy importante en la forma en que comemos ya que estados de depresión y ansiedad pueden provocar variaciones en el apetito. Enseguida mencionaremos algunos factores emocionales que pueden facilitar o dificultar para conseguir bajar de peso:


  1. Estrés. Si laboras en un ambiente de constante exigencia (actualmente, la mayoría de los empleos implican una demanda importante de tiempo y esfuerzo) o con largas jornadas de trabajo, la tensión experimentada y las exigencias a las que estamos expuestos puede llevarnos a “sacrificar” la alimentación balanceada por falta de tiempo. Igualmente, el estrés en sí mismo altera el metabolismo, lo que del mismo modo influye de forma negativa en la digestión y apetito.

  2. Ansiedad. Es la sensación de ansiedad la que genera una ingesta elevada de alimento al no experimentar saciedad, incluso cuando se llega a experimentar la sensación de vacío de “hueco en el estómago” puede confundirse con hambre, recurriendo obviamente a ingerir alimento. Sin embargo, dicho vacío al ser una condición emocional no logra ser colmado por lo que la sensación persiste, aumentado la ingesta de comida y por ende el subir de peso corporal.

  3. Depresión. igualmente, trastornos como la depresión pueden generar alteraciones en el apetito. Esto también, en cierta medida se vincula ante los duelos o pérdidas de vínculos o cosas que nos otorgaban gratificación a nuestras se han perdido, nos llevan a buscar gratificación o desahogo en la comida, complicando que logremos bajar de peso.

  4. Falta de autoconfianza. Esto se vincula a lo que identificamos como “baja autoestima”, lo que se refleja en excesivas críticas dirigidas hacia uno mismo, sintiéndonos poco capaces de bajar de peso, por lo que terminamos saboteando el trabajo. También esto provoca que no lo intentemos evidenciándose en falta de motivación, o que nos rindamos al primer error para cumplir con la dieta.

  5. La familia. Ya sea que se promuevan hábitos alimenticios poco saludables o que la misma familia saboteé el trabajo de quien quiere bajar de peso, hay ciertas “lealtades” que son difíciles de romper cuando el sobrepeso tiene un lugar significativo entre los integrantes de la familia.

  6. Falta de autocontrol. Por último, otro motivo por el que no logramos bajar de peso es debido a que podemos tener dificultades para demorar gratificaciones, por lo que buscamos obtener a toda costa placer de forma inmediata.


Es importante mencionar que también es importante trabajar en conjunto con especialistas, dado que en algunos casos, cuando una persona presenta algún trastorno de alimentación, puede tener la percepción corporal con grado de distorsión y por ende, tiene la sensación de no conseguir bajar de peso, cuando al contrario, se encuentra en un estado de grave de desnutrición, para lo cual es necesario valorar un distinto modo de intervención tanto en la dieta o el tratamiento a seguir en el área de psicología.


Existen múltiples factores pueden provocar problemas para no conseguir bajar de peso, esto tendría que explotarse caso por caso. Todos somos diferentes, tenemos distinta historia, por lo tanto, en psicología no se puede seguir una receta idéntica para todo quien quiere bajar de peso. Sin embargo, sí nos es posible identificar si presentamos alguna situación emocional que no nos permita comer de forma equilibrada. Igualmente, el detectar si presentamos estos síntomas, nos permite analizar y cuestionarnos si el sobre peso que tenemos se debe a los hábitos que tenemos para alimentarnos o si en realidad, esto es síntoma de alguna situación emocional adversa por la que estamos atravesando.

 
 
 
  • 4 sept 2019
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 8 mar 2020


“El sueño es escudo protector contra la monotonía y habitualidad de la vida, libre consolidación de la fantasía encadenada, donde ella despliega sin regla todas las imágenes de la vida e interrumpe la seriedad nunca depuesta del adulto con el gozoso juego del niño; sin los sueños, sin duda envejeceríamos más temprano…”

- Novalis


Desde tiempos ancestrales y en diversas culturas, el sueño ha tenido un lugar importante en el actuar ya que se le ha conferido cierto misticismo. Ya desde épocas anteriores se advertía que hay algo dentro de los sueños de suma importancia, algo oculto con un significado para el soñante. Hoy en la actualidad, la ciencia le ha dado otro sentido puesto que existen múltiples estudios que se han enfocado en la función del sueño desde una perspectiva fisiológica, como, por ejemplo: ahora sabemos que el sueño cumple diversas tareas destacando la función reparadora que permite el descanso; la regulación homeostática del sistema nervioso, también, influye en los procesos de aprendizaje y de atención.


Hoy en día, existen diferentes situaciones que pueden modificar el sueño ya sean de origen externo o que están en nuestro contexto y que pueden interferir en un adecuado descanso. La constante competencia laboral y el alto grado de actividades que desempeñamos (ya sean laborales, académicas o recreativas) incrementan el estrés, factor que influye de manera negativa en el sueño y el descanso y que, desde luego, esto de forma conjunta genera un impacto negativo en el funcionamiento de nuestro organismo. Al identificarlo como externo, hacemos referencia al ambiente, es decir, hay algo ajeno (en apariencia) a nosotros que nos impide dormir y permitir que el sueño cumpla con su función. Es común escuchar a personas que laboran en horarios rotativos que padecen de mayor irritabilidad, cansancio constante, les aparece un incremento en el apetito, tienen una menor capacidad para enfocar la atención y otras dolencias que en conjunto, perjudican a la persona, dificultan su interacción e impacta negativamente en su rendimiento en general.


Por otra parte, el sueño también se trastoca con conflictos de origen interno, es por ello que trastornos o padecimientos emocionales como la depresión y la ansiedad también influyen en la capacidad para dormir, soñar y descansar. Desafortunadamente, el hecho de que existan alteraciones en para dormir agravan cualquier sufrimiento emocional, provocando el efecto de “bola de nieve”, en la que además de la situación afectiva que afecta al individuo, ahora se agrega la preocupación por no lograr conciliar el sueño, incrementando la ansiedad. Igualmente, se añaden las repercusiones físicas ya antes mencionadas, es por ello que cuando un paciente acude a consulta con problemas graves para conciliar el sueño, es necesario que además de la psicoterapia, se canalice a que reciba tratamiento farmacológico.


Pues bien, hay que retomar el elemento que provoca interés y curiosidad en muchos. A través de los años, diversas culturas han dado un lugar especial al contenido de los sueños y lo podemos observar en diversas mitologías. Por ejemplo, en la mitología griega aparecen personajes (dioses) vinculados al sueño, siendo Hipnos y Morfeo los más conocidos, padre e hijo, siendo importante destacar que Morfeo tomaba diversas formas para presentar mensajes al soñante, transmitía los secretos de los dioses a los mortales. También, otro hijo de Hipnos es Fobétor, el cual se relacionaba con los sueños proféticos y las pesadillas, acá Fobétor aparece en forma de serpiente. Ambos personajes, se presentan al soñante en formas, por lo que ya desde entonces se apreciaba que existe un simbolismo dentro del sueño y que requiere de una interpretación.


Justamente y hablando de interpretación de sueños, un personaje importante es José el soñador, quien aparece en el libro de Génesis en la cultura hebraica. José interpretaba sueños (aclarando que en el texto bíblico, José hace referencia que él no interpretaba sueños, sino que era Dios a través de él), haciendo una transformación de los símbolos, siendo la situación más importante cuando interpretó dos sueños del Faraón de Egipto quien a su vez había sentido angustia ante el contenido de dichos sueños. Cabe señalar que el Faraón ya previamente había citado a magos y sabios de Egipto para que le develaran el significado de los sueños. Hasta aquí, en ambas culturas el sueño contiene un mensaje divino y predictivo, aunado a que la interpretación la brinda una persona ajena al sueño, sin perder un sentido místico.


No es hasta que Sigmund Freud publica el libro de La Interpretación de los Sueños en 1899 cuando ser revela un nuevo sentido a través de la implementación de una técnica para interpretar los sueños, dejando de lado ese tono místico y de adivinación. Freud, llama a los sueños como la vía regia al inconsciente, puesto que aquí se revela información oculta para el soñante, lo cual observó a través del análisis de sus propios sueños y los de sus pacientes, análisis que es esencial para el conocimiento de los temas profundos de quien tiene el sueño y de una posible solución a los problemas que le aquejan al paciente.


De la perspectiva del psicoanálisis, los sueños cumplen la función de descarga de los impulsos. Aparecen objetos, personas, situaciones que encubren y representan otras cosas. En los sueños se pueden descargar tensiones, agresiones, preocupaciones, ambiciones, incluso, deseos sexuales imposibles de realizar. Del mismo modo, el sueño puede servir para poner una pausa de situaciones reales en el exterior que pueden resultar perturbadoras o dolorosas para el sujeto, como por ejemplo, ante la pérdida o fallecimiento de alguien cercano, al dormir se retira la situación que aqueja para poder descansar. Es por ello que la importancia del descanso y el sueño trascienden más allá de la función fisiológica reparadora, sino también resulta de indispensable valor para el psiquismo de la persona.


El inconsciente es amo y señor de los sueños, en los sueños no opera la razón y el entendimiento, el inconsciente se sirve de la realidad y de la vigilia para tomar elementos y utilizarlos en el mundo onírico para darle un sentido desfigurado y con ello expresar algo. Existen mecanismos de defensa en los sueños que desfiguran el significado, que oculta el deseo del soñante de tal manera que dicho deseo puede realizarse y descargar tensión. Incluso, se reúnen diferentes representaciones en una sola cosa, se desplazan objetos o situaciones, intercambiándose. ¿Te has soñado haciendo cosas abominables? ¿Te ha ocurrido que alguna vez sueñas con “alguien”, pero ese “alguien” no tiene el mismo rostro que la persona real? ¿O que esa persona se transforma en otra persona, cambiando el sentido del sueño, apareciendo la confusión o la extrañeza? O ¿Qué dentro del sueño estás en cierto lugar, pero que no es precisamente el lugar aludido, sino que hay un elemento que te recuerda ese lugar? Lo anterior es a causa de los mecanismos del sueño que son el desplazamiento y la condensación, siendo esta última la que reúne varios elementos en un solo objeto, de tal manera que puede desfigurar el deseo o el contenido inconsciente para darle cumplimiento o desahogo, sin que esto perturbe (tanto) al soñante por el deseo “real” que posee.


Los objetos o las situaciones que aparecen tienen un significado (o varios), pero este cobra sentido dentro del discurso de quien relata el sueño, sí existe una técnica para explorarlos, pero de ninguna manera existe un manual o un diccionario para todos los sueños, dado que cada sueño posee un significado personal siendo el psicoanalista quien ayuda al paciente a darle sentido a lo que sueña. Es común que en los procesos de psicoanálisis, el paciente se encuentre narrando cierta situación que le aconteció en su vida o en el día a día y, que en medio de su relato, irrumpe un sueño o un fragmento de sueño, posiblemente, este se vincule con el tema previamente hablado. En el transcurso del análisis, puede aparecer más contenido del sueño que en un primer momento no se recordaba.


Un motivo para asistir a psicoanálisis o psicoterapia puede ser el descubrir el significado de algún sueño repetitivo. Sin embargo, hay causas que requieren de inmediata atención, como por ejemplo, cuando parecen pesadillas (sueños de angustia) de forma recurrente, afectando la capacidad para descansar. También cuando existe una marcada dificultad para diferenciar entre un sueño y la realidad, incluso si hemos llegado a tomar decisiones en base a lo que ocurre en nuestros sueños, por ejemplo, enemistarse con personas o acusar a alguien de algo que se soñó, además de las perturbaciones ya descritas en un principio.


Habrá sueños que olvidamos en el instante de despertar. Otros que ocurrirán con algo significativo. Sin embargo, algunos resurgirán. Otros sueños volverán de vez en cuando, repitiéndose. Otros que dejarán una imagen nítida o que en algún momento nos despertaron emociones intensas, siendo en estos últimos casos, los que contienen un contenido significativo, siendo muy importante llevarlos con el especialista para analizarlos y sobre todo, para hablar de nuestros sueños.

 
 
 
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