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Artículos sobre Ayuda Psicológica

Actualizado: 8 mar 2020


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La importancia de la salud mental de la madre durante el embarazo

Regularmente nuestra cultura asocia a la maternidad (sobre todo durante los primeros meses de vida del bebé) con momentos de tiernos y amorosos y poco se habla de lo agobiante que puede ser para las madres muchas situaciones por las que se enfrentan.


Por ejemplo, imaginemos la escena de una madre primeriza: una madre con probablemente muchas dudas sobre si algo de lo que siente es normal o un signo de alerta, de si los cambios en su cuerpo son normales o no, ¿qué se siente el dar a luz?, de si será una "buena madre", ya que ella no ha tenido la experiencia que se construye con un primer hijo. Muchas madres comentan que el primer hijo siempre es el más complicado porque uno no sabe exactamente lo que está haciendo, pero la pregunta sería si uno en algún momento lo "aprende" por completo.


Aquellos padres que tienen más hijos pueden recordar la historia de cada uno y la forma en la que ellos resolvían los problemas, se topan con momentos donde la historia ayuda a resolver el problema, pero también con nuevos momentos donde no saben qué hacer por que "con el otro hijo no me pasaba esto" y tuvieron que improvisar y tomar de sus recursos.

Porque a pesar de que existen "escuelas para padres", sucede que cuando uno se encuentra en la situación del día a día tiene que accionar de acuerdo a su instinto más allá de lo que ha leído o le han contado. La cosa aquí es que podemos tener ese instinto muy oculto entre tanta información de internet o de las recomendaciones de nuestros familiares.


Pensemos en otra escena: una madre primeriza recibe una serie de recomendaciones y consejos de sus amigas que ya son madres. Ella escucha con atención intentando almacenar toda la información valiosa temerosa de la capacidad de su memoria. Cuando ella quiere hablar sobre sus dudas o temores de pronto aparecen frases (bien intencionadas a veces) de "todo va a estar bien", "eso no es nada, espérate a que crezca", "en internet viene todo", etc. Nos quedamos con la incógnita de y ¿quién se detuvo a escuchar lo que ella sentía?

Y no nada más se trata de escuchar, si no de abrir un espacio para que se sienta cómoda de hablarnos. Como poco se habla de lo difícil de ser madre o lo complejo, podemos tener preocupación de escuchar también "no vaya a ser que le dé ideas". Cuando es todo lo contrario. Una madre con todas estas sensaciones emocionales, corporales, etc., necesita ser escuchada para estar bien, para estar tranquila. Cada vez aumenta más el índice de depresión postparto que sin duda tendrá muchas aristas, como por ejemplo la cuestión hormonal, predisposición anímica, situación de vida personal o de pareja, etc. Ese aumento señala la necesidad de voltear a mirar la forma en la que las nuevas madres están viviendo su maternidad y sin están siendo acompañadas en esto.


La salud mental de la madre es fundamental para el desarrollo saludable del bebé, desde sus cuidados básicos como también el sostén emocional que se le puede brindar, es decir, si mamá está saturada y agobiada, el bebé probablemente también lo estará o vivirá lo que se resuelva de esto. Es por esto que se enfatiza en la necesidad de que las madres sean acompañadas en la construcción o reconstrucción de su maternidad, desde que tenga espacios de esparcimiento donde pueda salir un momento sin el bebé, desde que tenga gente con la pueda hablar sin temor a ser juzgada, que pueda ser "relevada" de los cuidados del bebé para que pueda dormir un poco o tener una alimentación balanceada, hasta que pueda sentirse con espacios para llorar y respirar para poder continuar. Qué importante el cuestionarnos eso que se dice sobre "una madre deja todo por sus hijos", que más bien signifique que una madre es igual de valiosa que su hijo (a).


Es por esto que el silencio y la escucha abren puertas y donde los consejos o recomendaciones no terminan de ayudar, muchas de las veces una madre no pide consejos, si no más bien un oído atento que le dé lugar a ella también

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Actualizado: 8 mar 2020


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Cuando decidí iniciar mi experiencia como maestra de adolescentes me sentía en parte entusiasmada y en otro tanto nerviosa por el reto que implica estar frente a un salón de clases, y mucho más el tener frente a mí un grupo lleno de adolescentes. Por que ser maestro de adolescentes involucra paciencia, escucha y el romper paradigmas que acompañan tanto a esta etapa de la vida como a la profesión misma del docente.


Al inicio llovieron comentarios como "¿Por qué adolescentes?!Qué complicado!", "yo ni loco (a) trabajaba en algo así", "adolescentes todos inquietos, mejor no." Y frases similares, lo cual aumentaba más mi nerviosismo e incluso en momentos miedo.


Ahora, con el paso de algunos años, no me arrepiento de mi decisión.


Siempre he considerado que el lugar del maestro es de suma importancia para poder hacer un cambio a nivel sociedad, no sólo en lo académico, si no también en la vida de las personas. Creanlo o no, muchos de nosotros tenemos el recuerdo de alguno de nuestros maestros al que le teníamos respeto y que influyó positivamente en nuestra historia. Sin duda, fueron maestros que estaban comprometidos con su profesión y sus alumnos, aquellos que realmente se preocupaban en que lo que impartían lo pudieran comprender y dejar huella en quienes escuchaban. Esos maestros son los que dejan marca, no los que sólo iban a llenar un espacio en el horario.


No hay materia sencillas ni complicadas, es uno el que se las complica como alumno desde el interés propio o nuestra experiencia con otros profesores. Cada materia es una oportunidad de hacer las cosas diferentes, no sólo en el aprender, si no en la convivencia misma.


Ahora hay muchas escuelas que le invierten a metodologías nuevas de la enseñanza con el fin de captar el interés en los alumnos y en el retar a sus maestros a ser más creativos y que la enseñanza sea más colaborativa que hace algunos años donde el profesor se paraba al frente del salón y se dedicaba a enseñar sin cuestionar a los alumnos e incluso donde su palabra era la única valiosa e irrevocable. Ahora la apuesta es todo lo contrario, se espera que los alumnos colaboren en su aprendizaje de una forma activa. Sin duda en muchas escuelas se logra este propósito pero en muchas otras todavía se hacen intentos, disfrazando "las nuevas perspectivas" pero siendo los mismos métodos y formas de evaluación. Con esto no quisiera caer en la visión de que "tiempos pasados fueron peores", más bien me parece que el hecho de que los años vayan transcurriendo siempre nos convoca a evolucionar y cuestionar qué tenemos para dar distinto.


Tuve la fortuna de trabajar en instituciones donde se preocupaban realmente por el alumno y su situación actual: haciendo entrevistas con los padres, con el alumno y conocer su entorno en casa y el impacto que éste tenía en sus calificaciones y actitud en clase. Tutores comprometidos con la institución y sus alumnos, con los que me tocó colaborar en sostener alguna situación de riesgo dentro y fuera del aula por el bienestar del joven, y también el conocer de otros profesores que eran reconocidos por sus alumnos como sumamente creativos, aunque la materia "fuera la más aburrida de todas".


Por el lado de los alumnos, cada grupo fue una forma de ver distinta los temas vistos en clase. Ellos se mostraban curiosos "por el mundo adulto", querían conocer la opinión de aquellos que ya habían pasado por situaciones parecidas a las que ellos estaban pasando. Alumnos que los primeros días de clase eran retadores y agresivos y el ser testigo de su evolución era realmente un logro, y no por mi, si no porque ellos mismos se iban permitiendo el hablar de su enojo y lo colocaban en formas más sencillas y posibles de entender.


Tuve la oportunidad de conocer historias de vida de los jóvenes actualmente, los medios que utilizan para comunicarse, lo que les preocupa, sus familias y la relación que tienen con sus iguales. Con esto, pude corroborar que realmente los jóvenes no la tienen muy sencilla en diferentes aspectos, que ellos tienen mucho que decir pero hay pocos espacios donde sienten que pueden ser escuchados, o que se les ocurren formas de externar su opinión que de pronto se sale de sus manos por el simple hecho de estar demasiado molestos o cansados de no ser tomados en cuenta.

Era como si estuvieran al pendiente de aquellos que estaban dispuestos a escuchar sin juzgar, y cuando lo encontraban, se permitían hablar, muchas veces para sólo descargar, y luego, al paso de los días llegaban, con una solución a su problema, una solución encontrada por ellos mismos. Siempre he pensado que a veces uno necesita sólo rebotar ideas con alguien para poderse terminar de escuchar y pensar mejor las cosas. Esa puede ser una función vital del maestro de adolescentes.


Sé que con los niños son situaciones distintas ya que muchas veces ellos necesitan más sostén o dirección en su actuar, desde lo básico, pero en el caso de los adolescentes la difícil posición de acompañar es necesaria: ni muy sobre de ellos, ni tan lejanos que no nos encuentren. Ese es el dilema. Pero cuando lo encuentras puedes tener hallazgos sumamente valiosos.


El ser maestra de adolescentes, además de psicóloga, abre la posibilidad de estar inmersos en lo grupal tan necesario para los jóvenes en este tránsito de su vivir. Uno es el adolescente que se atiende en consulta y otro es el adolescente que se sumerge en el grupo con sus amigos y compañeros. Es poder estar en ese momento donde la dinámica se moviliza diferente y uno puede aprender de ellos también.


Sin duda, una de mis mejores experiencias que guardo con cariño y que espero poder continuar realizando ya que todavía queda mucho camino por recorrer porque las oportunidades no son las mismas para todos los jóvenes y aún hay cambios necesarios y vitales para que las nuevas generaciones pueden tener mayor bienestar y espacio para ser ellos mismos.


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  • 30 may 2019
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 8 mar 2020


Algunos de los pensamientos y emociones que vive una persona que ha sido víctima de abuso sexual.
Fui víctima de abuso sexual

Estás en ese momento después. Muchas cosas te resultan confusas e indescriptibles. Lo has contado tantas veces que ya hasta perdiste la cuenta, hay algunos que no entienden, otros responden palabras que no te hacen ningún sentido, y unos cuantos lanzan palabras que te lastiman más. No es sencillo, muchas veces sabes que las palabras ayudan, pero en este momento el silencio tiene un peso importante.


Lo contaste a pocos, a quienes consideras más cercanos y te ayudaron a denunciar. Tampoco fue sencillo, pero una parte de ti sabe que puede ayudar: ayudar a saber que hay un castigo, y ayudar a que algo no se repita con alguien más.


No fue sencillo porque son diversos procesos, procesos donde te sientes vulnerable, donde debes recordar lo más que puedas y esforzarte, pero no te dejaron sola. Ves a muchas chicas que pasaron por lo mismo que tú, te comparas, tratas de armar las historias de ellas en tu mente, de una forma u otra te solidarizas desde lo profundo de ti. No están solas tampoco.


No puedes dormir, y cuando lo logras tienes pesadillas, pesadillas donde tienes recuerdos, tienes escenarios alternos: lo que hubiera pasado si no, lo que pasaría si tomas otra dirección, te sueñas libre, te sueñas vulnerable nuevamente. Despiertas. Despiertas y ya no puedes conciliar el sueño de nuevo.


Al día siguiente estás cansada todo el día, no son sencillos los días después de algo así.

¿Cuándo las cosas serán como antes?


Tu gente que te quiere intenta de todo: salir contigo, evadir el tema, otros preguntan y te incomodas, tampoco es sencillo acompañar este tipo de dolor, pero el notar que lo intentan te da esperanza.


No te da hambre ni tampoco ganas de salir. Tienes miedo, miedo de que vuelva a pasar, son imágenes y pensamientos que no puedes sacarte de la cabeza, ¿cómo encontrarle orden?, ¿tiene todo esto un orden?, ¿cuándo las cosas volverán a ser como antes?

La vivencia de un abuso sexual definitivamente es dolorosa y confusa. Cada persona conforme va transcurriendo el tiempo va encontrando palabras para aquello que vivió. Una vivencia así desencadena una serie de sentimientos encontrados, dudas e incluso sensaciones corporales que irrumpen en el día a día y que le intranquilizan.

Sabemos que el pensar en que las cosas volverán a ser como antes puede desencadenar una trampa en la que nos podemos sumergir. Definitivamente las cosas no volverán a ser como antes, pero si es posible recobrar lo que creemos perdido. Aunque ahora tengamos la visión turbulenta y creamos que no hay salida, les aseguramos que se puede hacer algo con lo que tenemos ahora. Y, como a veces sucede en situaciones difíciles: poco a poco y acompañados.


Acompañados por alguien que nos escuche sin interrupciones, que tolere las preguntas que no nos sentimos cómodos en responder, que evite frases que se dicen siempre y que no ayudan de mucho como "todo va a estar bien", "las cosas pasan por algo", que no te culpe o te haga sentir culpable en absoluto, que permanezca en silencio cuando no queremos hablar; que sepamos que ahí está.


Desafortunadamente la cultura de la denuncia y el cuidado durante las mismas muchas de las veces no son de lo más afortunadas, pero como especialistas vemos que cuando una víctima de abuso sexual procede con una denuncia hay cosas que internamente se van elaborando, que le ayudan en su proceso anímico, no sólo desde el plano legal. Implica el cobijarnos en la ley y en la palabra y no en el silencio y el sufrimiento. Algo que recomendamos es que este proceso sea acompañado de alguien de nuestra confianza: familiar, amigo, maestro, entre otros, que nos pueda brindar de su apoyo. En las clínicas públicas y privadas existen protocolos ante este tipo de situaciones, de igual forma en oficinas de gobierno.


En torno al abuso sexual regularmente circula el silencio como una protección ante lo ocurrido. De alguna forma nos sentimos protegidos ante un posible juicio, palabras hirientes, o que incluso sintamos que nadie nos va a creer. Algo que observamos en consulta es que ese silencio, más allá de ayudar, poco a poco va haciendo sentir mal a la persona que vivió abuso ya que le es complicado esquivar situaciones, preguntas o temas que estén alrededor del abuso sexual. En algunos casos incluso puede haber lesiones físicas o que se encuentren expuestos a que el abuso se repita (por ejemplo en el caso donde el victimario sea algún miembro de la familia) y la persona no encuentre la forma de sentirse protegido en su entorno. Es por esto que se recomienda que el silencio se rompa y podamos recurrir a alguien de nuestra confianza para que nos pueda brindar de su apoyo, esta persona no necesariamente la podamos encontrar con algún miembro de nuestra familia, muchas veces también podemos apoyarnos en alguien externo a nuestra casa.

Si ahora tú que lees esto te identificas con algo de lo que has leído o conoces a alguien que ha pasado por una situación similar te invitamos a que no te quedes solo(a) y que sepas que hay posibilidad de recobrar lo que en este momento sientes perdido.


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El abuso sexual desafortunadamente también es común en hombres aunque se hable poco de ello

 
 
 
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