top of page

Artículos sobre Ayuda Psicológica

Actualizado: 8 mar 2020

Es común que cuando tomamos la decisión de atender nuestra salud emocional, no sepamos muy bien cuáles son las diferencias entre los especialistas, principalmente entre el psicólogo y el psiquiatra.


El desconocimiento puede llegar a darnos mucho miedo, ya que la creencia social en general es que los psicólogos son para locos y que la locura es algo de lo que hay que escapar, que no hay que relacionarse con locos y que los mismos psiquiatras deben tener muchos problemas para elegir un trabajo así.


Sin embargo, aquí enumero tres principales diferencias que además brindan información y te pueden ayudar a discernir tu siguiente paso en tu autocuidado:


1. Su formación es diferente. Mientras un psicólogo estudia la licenciatura en psicología, donde se estudia el funcionamiento de la mente humana, la conducta, la vida social y emocional, el psiquiatra estudia la carrera de medicina y su aprendizaje va más dirigido a la anatomía humana, su funcionamiento y patología. Después el psicólogo deberá especializarse en el área clínica para poder trabajar con pacientes y desempeñarse como terapeuta, mientras el psiquiatra deberá especializarse en psiquiatría, una especialidad médica dirigida al funcionamiento del cuerpo, desde el cerebro hasta el metabolismo y cómo impactan en la conducta de las personas, aquí se especializarán en los fármacos que ayudarán a sus pacientes a tratar los desequilibrios químicos del cerebro.


2. El psiquiatra puede medicar. La principal diferencia en cuanto a su relación con el paciente es que el psiquiatra tiene la responsabilidad y la autoridad para elegir el tratamiento farmacológico y expedir las recetas médicas, debido al impacto que pudiera llegar a tener en el organismo, el psiquiatra tiene conocimiento de los efectos secundarios y de las reacciones que pudieran llegar a tener a nivel anatómico. Es por eso que son los únicos que pueden recetar medicamentos controlados como los ansiolíticos.


3. El psicólogo clínico brinda psicoterapia. Las habilidades profesionales que se requieren para ser terapeuta se adquieren a través de una formación especializada basada en un entrenamiento teórico, práctico y supervisado, lo que permite realizar intervenciones y proporcionar técnicas al paciente a nivel emocional y cognitivo. Un psiquiatra puede utilizar herramientas psicoterapéuticas para mejorar la relación con su paciente y tener un mayor apego al tratamiento, sin embargo, se requiere estudios adicionales.



 
 
 
  • 17 sept 2018
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 7 sept 2019



Uno de los principales motivos de consulta actuales, tanto de niños, adolescentes y adultos es la ansiedad. En ocasiones es difícil distinguirla debido a que se puede manifestar tanto con síntomas emocionales como con físicos y cognitivos, por eso se puede confundir con depresión o después de un periodo largo de padecer ansiedad comienza a afectarnos en nuestra vida de una manera tan importante que se puede presentar un cuadro depresivo.

En este artículo se revisarán algunas de los hábitos que aumentan o mantienen la ansiedad: 1. Sobreexigencia. Tener metas personales o expectativas exageradamente altas es uno de las características que comparten muchas de las personas que han padecido ansiedad. El típico "Si no vas a hacer algo bien mejor no lo hagas", es una frase que describe la sobreexigencia. Ésta se convierte en un problema cuando en lugar de ayudarme a visualizar mi objetivo me hace castigarme, regañarme, criticarme, juzgarme cuando no alcanzo esas metas. Cuando tenemos expectativas muy altas es muy poco probable que constantemente no se alcancen y de esta manera experimentamos sensación de fracaso en repetidas ocasiones. 2. Dificultad para identificar y expresar emociones. Saber lo que me gusta y no me gusta, saber cuáles son mis reacciones es algo que puede evitar la ansiedad, en el caso opuesto, si no lo sé o no lo tengo claro es menos probable que pueda expresar mi sentir por lo que pocas veces puedo poner límites o comunicarme con los demás para poder satisfacer mis necesidades. Poder decir eso me gusta o no, necesito esto o ya no es una manera de prevenir situaciones de tensión constantes que me provoquen ansiedad. 3. Ser aprehensivo. La dificultad para soltar situaciones o emociones, el ser muy preocupón o nervioso es una manera de ser aprehensivo. Este hábito promueve de manera importante episodios repetidos de ansiedad en nuestra vida. Algo que nos puede ayudar con este hábito es pensar ¿esto que me preocupa, tiene solución?¿Puedo hacer algo? ¿La solución depende de mí? Las respuestas a estas preguntas me guían a una mejor resolución de problemas, esto disminuye los asuntos inconclusos que nos roban espacio mental y emocional y por consecuencia, la ansiedad. 4. Ser perfeccionista. "Tengo que estar revisando algo constantemente hasta que me sienta satisfecho", si te identificaste con esta frase, probablemente seas alguien perfeccionista, lo cual se vuelve un mal hábito cuando dejo de hacer cosas importantes en mi vida, cuando no me puedo adaptar a las exigencias del medio por cumplir esas obsesiones. 5. No descansar adecuadamente. Siempre antes de un ataque de ansiedad o de pánico, no se descansó correctamente. Si no puede poner límites a la actividad tanto física como pensamientos o delimitar espacios de descanso es una mala señal de autocuidado y salud mental. Este hábito es el primero de todos los puntos que se tienen que modificar. Reorganizar la vida de una manera más funcional cada determinado tiempo nos ayuda a prevenir situaciones crónicas de malestar emocional. si identificas alguna de estas situaciones en tu vida, es momento de buscar a un especialista en psicoterapia que te ayude a manejarlo de una mejor manera.

 
 
 
  • 13 ago 2018
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 7 sept 2019


A lo largo de nuestra vida en más de una ocasión nos ha tocado despedirnos de alguien, ya sea una ruptura amorosa, un ser querido que fallezca, un grupo que se gradúa, amigos que se mudan o algún otro.

Es un proceso muy doloroso para algunos y muy natural para otras personas, pero ¿qué hace la diferencia? ¿Por qué para algunas personas cuesta tanto decir adiós?


como manejar la muerte de un familiar

En este mundo y en esta vida todo tiene un principio y un fin, y eso es un hecho que no podemos cambiar. La cultura mexicana nos ha enseñado que cuando nos despedimos debe ser algo sumamente desastroso, sufrible, doloroso y triste. Como cuando acudimos a un velorio, asumimos que la persona a quien le vamos a dar el pésame se encuentra devastada y deprimida, en ocasiones si no ven que los seres queridos sufren y lloran amargamente en el velorio se tacha de que están en etapa de negación o que no tenían una relación tan cercana. En otras cuestiones, como rupturas amorosas, se nos enseña que alguno de los dos debe ser el villano y el otro la víctima, que alguno falló o que hubo una tercera persona de por medio.

No tiene por qué ser así. Las despedidas siempre han ocurrido, ocurren y no dejarán de presentarse en nuestra vida y una buena manera de sobrellevarla sin morir en el intento es aprender a cerrar ciclos de una manera saludable.

Existen muchos tipos de finales, los que son provocados por la situación (como una muerte o mudanza), las que son decisión de alguna persona (despidos, renuncias), las que son decisión de todo los involucrados (divorcios). Una vez que tenemos frente a nosotros la separación ya no hay vuelta atrás, es algo que está sucediendo. Si se trata de algo que no depende de ti, no vale la pena querer cambiar las cosas.

Si eres tú quien decide decir adiós, ya sea porque esa persona ya no representa para ti lo mismo que antes: te ha fallado, han tomado distintos caminos en la vida o consideras que es mejor que ya no forme parte de tu entorno. Ya sea una pareja, un compañero, o una persona que compartió situaciones contigo o estuvo cerca de ti en algún área: llegó el momento de decirse adiós.

El hecho de que tú decidas decir adiós o no puedas hacer nada para evitarlo, no significa que no vayas a vivir un duelo. Es natural que al despedirnos de alguien nos sintamos tristes, melancólicos y hasta nostálgicos pues ya nos acostumbramos a contar con la persona, a su tono de voz, a su presencia, y ahora se va a percibir cierto vacío pero esto nos ayudará a avanzar y crecer.

Una manera de decir adiós es valorar lo que esa persona aportó a tu vida agradecer lo que se dio y lo que no se dio, lo que recibiste y lo que hizo falta, pedir perdón por los errores y las faltas porque todo eso formó parte de la relación. Evitar reproches y reclamos es una buena idea, pues no lleva a nada ya que se ha terminado ni te va a hacer sentir mejor y mucho menos a la otra persona. Tratemos de salir lo menos maltratados posible. Después de eso y de escuchar lo que la otra persona tiene que decir (de lo cual tomamos lo que nosotros creamos que nos sirve para crecer) lo mejor es vivir el duelo, dejarlo pasar y convivir con la tristeza. Eso no quiere decir que nos vamos a tumbar en el sillón por días sino que no vamos a negar que estemos tristes y que nos duele la separación. También es buena idea enfocarnos en el presente y en las actividades que disfrutamos, así como acompañarnos de nuestros seres queridos.

No es malo decir adiós, no es malo despedirse ni cerrar ciclos, es algo natural. Si lo vivimos con aceptación evitaremos mucho sufrimiento. Imagínense dejar todos estos ciclos abiertos, despedida, tras despedida, tras despedida, y ninguna sin culminar, no estaría chido ser una persona con rencor, dolor o miedo eterno. El tiempo por sí solo no sana las heridas y cada quien tendrá su manera de afrontarlo pero si crees necesitar ayuda en un duelo complicado, es mejor acudir a un especialista.

 
 
 
bottom of page