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Artículos sobre Ayuda Psicológica

  • 8 oct 2019
  • 5 Min. de lectura

Uso de redes sociales en la pareja
Redes sociales y pareja

El uso cada vez más popular de las redes sociales afecta la representación que tenemos de nosotros mismos, al poner solamente aquellas cosas que queremos que los demás vean y someternos a un comparativo social en función de los estándares de salud, actividad física, posición económica, popularidad, entre otros.


Esto indudablemente afecta el modo en que nos relacionamos con los demás y especialmente con nuestra pareja, por lo que he decidido dividir este artículo en las afectaciones individuales y en pareja que debemos tomar en cuenta cuando hacemos uso de estas nuevas formas de comunicación que se han vuelto indispensables en nuestra vida cotidiana.


Afectaciones a nivel individual del uso de las redes sociales.


1. Cambios en nuestro autoconcepto. Si entendemos al auto concepto como la forma en que nos percibimos a nosotros mismos, las redes sociales tienden a promover una imagen idealizada de lo que somos tanto física como emocionalmente. Si tenemos, por ejemplo, una tendencia a la extroversión y hacia el deseo de ser vistos y valorados, lo que posteamos puede convertirse en una batalla por llegar a cierto número de seguidores o de likes; buscando realizar el mayor número de publicaciones posibles y dando énfasis en aquellas características que creemos tener y que nos hacen sentir bien. Si, por el contrario, nos encontramos en un mal momento o en un episodio depresivo, podremos tender a buscar el afecto a través de nuestras redes o bien, encontrar personas que representen una imagen que nosotros hemos creído perder o que consideramos inalcanzable, con el fin de reafirmar nuestros supuestos de tristeza y melancolía.


2. Afectaciones en nuestra autoestima. Él autoestima es la valoración que nosotros hacemos de nosotros mismos y en el caso de las redes sociales esta puede verse afectada también al compararnos con los estándares de belleza y/o formas de vida actuales. También podemos sentirnos devaluados al considerar que no tenemos los suficientes amigos, suficientes likes o qué nuestras publicaciones no generan el impacto que esperamos, lo que podemos llegar a relacionar con no sentirnos suficientes o provocar sentimientos de menosprecio hacia nosotros.


3. Reducción de nuestro círculo social. Las redes pueden funcionar como una especie de máscara o careta que nos permite mantenernos aislados y protegidos del enfrentamiento físico directo con el otro, lo que para una persona con fobia social o depresión, por ejemplo, pueden llevarlos a que su padecimiento se vuelva más profundo.


4. El incremento de las fantasías. Al mostrar solamente una parte de nosotros, ésta puede ser tan intensa que nos lleve a tener sentimientos de grandiosidad o narcisismo que de una manera poco sana nos lleven a distorsionar la realidad y a crearnos una imagen que poco tiene que ver con lo que somos y que cumple la función de aparentar o de hacernos creer que esa fantasía es nuestra realidad objetiva aunque claramente no sea así.


5. Pérdida de tiempo y desorganización. Cada vez es mayor el tiempo que en general pasamos conectados a las redes y eso nos lleva a que su uso se convierta a una forma más de evadir nuestras responsabilidades o nos sirvan como pretexto para no administrar bien nuestro tiempo y no cumplir metas u objetivos que nos hemos propuesto.


Afectaciones a nivel de pareja


1. La búsqueda de la pareja “ideal”. Como ya vimos, las redes sociales nos llevan a mostrar una imagen que no necesariamente concuerda con la realidad, esto nos complica las cosas al buscar una pareja por internet ya que podemos tener expectativas muy altas o desilusionarnos al darnos cuenta de que la persona con la que hemos estado hablando es muy diferente a lo que aparentaba cuando la conocemos en persona. También nos puede llegar a influenciar al momento de qué podemos llegar a buscar a personas que cumplan con los requerimientos de belleza que establecen las redes.


Relaciones de pareja
Relaciones de pareja


2. La infidelidad y las redes sociales. Actualmente existe un gran debate entre las parejas en relación a si cuando nuestra pareja tiene contacto, desde mensajes hasta cybersexo, con otra persona se le puede considerar o no como infidelidad y lo cierto es que esta situación llega a generar grandes conflictos en la relación. No debemos olvidar que en toda pareja existen acuerdos, y en el caso de las redes sociales estos deben ser explícitos, esto es, que la pareja debe tener la confianza suficiente para hablar abiertamente sobre los tipos de interacción que estarán permitidos o no para ambos en un ambiente de equidad; desafortunadamente esto rara vez ocurre por lo que es un ejercicio de congruencia el poner estos temas sobre la mesa desde el comienzo y evitarnos futuros problemas. No existe un concepto cerrado o cien por ciento claro sobre lo que es y lo que no es infidelidad a través de estos medios, por lo que será tarea de la pareja clarificarlo de acuerdo a los valores y expectativas de cada uno.


3. Mi pareja revisa mi celular y mis conversaciones. Este punto es muy delicado ya que muchas personas consideran que el ser pareja de alguien implica tener acceso a todas las áreas de su vida, sin embargo esto no es así ya que ademas de que estamos violentando el derecho a la intimidad de la otra persona, estamos también cayendo en una actitud paranoica que nos puede desgastar emocionalmente al creer que el acceso al celular de mi pareja me permitirá prevenir cualquier intento de engaño aún cuando esto pase por encima del voto de confianza que supuestamente tenemos con el otro.


4. El que nada debe nada teme. Este dicho ha sido utilizado en los últimos años como chantaje para justificar el que yo quiera tener las contraseñas de mi pareja y acceso a toda su vida real y virtual, lo que, como ya comentamos, representa una violación al derecho a la intimidad que tenemos todos los seres humanos e incrementa la paranoia y la baja autoestima. No debemos olvidar que lo más importante debe ser nuestra relación real con la pareja y no nuestras fantasías de sentirnos vulnerables o engañados.


5. Y ahora: ¿Cómo te olvido? Actualmente son tantas las formas en las que tenemos interacción en distintas redes que cuando una pareja termina los involucrados inevitablemente se enfrentan a la encrucijada de si mantener o no el contacto con la ex pareja en redes sociales. Una vez más esto debe ser una decisión completamente individual y dependerá de qué tan cómoda o no se sienta la persona con una u otra opción. Muchas veces es visto el bloquear a alguien como un acto de inmadurez aunque también el no hacerlo puede ser una manera de aferrarnos a la persona o seguir manteniendo una esperanza ilusoria. Mientras no sea un acto de chantaje o codependencia, cada persona debería de sentirse libre de tomar una u otra decisión como mejor le parezca y tomando en cuenta lo que la otra persona también desea hacer.


como hemos visto en este breve recorrido el uso de las redes sociales tiene implicaciones emocionales muy fuertes que debemos observar y tener en cuenta para tener una mejor relación con nosotros mismos y con los demás.Finalmente no olvidemos que nada es gratis en la vida, y si bien las redes sociales no tienen un costo económico, si no sabemos manejarlas nos pueden traer un costo emocional muy importante.

 
 
 

Actualizado: 8 mar 2020

La violencia en nuestro país ha crecido cada vez más en los últimos años. Basta con encender el televisor y nos encontraremos con una vorágine de noticias sobre homicidios, desaparecidos, secuestros, feminicidios, etc. Por eso es importante detenernos un momento y reflexionar si nosotros hemos llegado a ser violentos en nuestras relaciones y para ello utilizaremos una herramienta creada por el Instituto Politécnico Nacional en el año 2009 y que nos permite ubicar, en tres bloques diferentes, las acciones violentas que podemos llegar a cometer o de las cuales somos víctimas.


violentometro


¡Ten Cuidado! La violencia aumentará.


En este primer bloque encontramos acciones de violencia que generalmente han sido normalizadas en nuestra sociedad y que podemos llegar a considerar como “comunes” o parte cotidiana de nuestra relación.


Entre ellas están las bromas hirientes, el chantaje, la mentira, aplicar la “ley del hielo”, la humillación, los celos sin motivo y el control de objetos que nos pertenecen.


Generalmente justificamos estos comportamientos y tendemos a pensar que en algún momento cesarán, o bien, que nosotros hemos dado motivos para que la persona se comportara de esa manera. Es cada vez más recurrente, por ejemplo, el pedir las contraseñas de las redes sociales de nuestra pareja con el pretexto de que “el que nada debe nada teme”, sin embargo, esta ya es una acción de violencia que viola uno de nuestros derechos fundamentales: el derecho a la intimidad.


¡Reacciona! No te dejes destruir


En este segundo bloque encontramos comportamientos como: destruir artículos personales, lanzar manotazos, las caricias agresivas, golpear o pellizcar “jugando”, empujar o jalonear, cachetear y patear.


Si nos ponemos a pensar un momento, muchos de nosotros conocemos o hemos pasado por una relación en la que con el pretexto de que “así nos llevamos” pasamos por alto golpes o pellizcos e incluso insultos o malas palabras sin saber que ya estamos en un nivel medio de violencia y que lo más probable es que ésta no va a disminuir sino por el contrario, aumentará.


¡Necesitas ayuda profesional!


En este último nivel, el tipo de ayuda requerida ya no es solo psicológica sino también legal ya que encontramos amenazas de muerte o con armas, la privación de la libertad, el abuso sexual, la violación, la mutilación y por último el asesinato.


Es muy importante en este nivel no tomar a broma cualquier tipo de amenaza ya que verdaderamente se trata de la posibilidad de recibir un daño severo a nuestra integridad física.


Por último es fundamental recalcar que estas acciones no necesariamente se presentan en orden o por bloques sino que podemos vivir o ejercer una o varias de los distintos bloques de forma aleatoria.


Toma en cuenta que si te identificaste con alguna o varias de las conductas de violencia aquí descritas, y si sientes que cada vez se presentan más en tu relación o se te están saliendo de control es muy importante que acudas lo más pronto posible a atención psicológica para que puedas forjar en ti las herramientas que te permitan tener una mejor convivencia libre de violencia.

 
 
 
  • 30 may 2019
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 8 mar 2020


Uno de los motivos más recurrentes en las dificultades en la interacción, radica en la complicación para asumir errores y realizar cambios en la actitud y comportamientos personales. Esto no es ajeno a los conflictos de pareja. Es común que durante discusiones o diferencias de opinión aparezca la frase de justificación: “¡así soy yo!”. Dicha frase (¡así soy yo!), se finca como un muro en el cual se obliga al otro a aceptar incondicionalmente los errores, defectos, costumbres y también de forma grave, cualquier tipo de agresión y reacciones emocionales emitidas por parte de uno de los miembros de la pareja, o incluso de ambos.


Así soy yo, ¡Cambia tú!

Expresiones como: “¡así soy yo!”, “¡así me conociste!” o “si quieres estar conmigo, ¡tienes que soportarlo!”, obstruyen cualquier oportunidad para escuchar las peticiones de la pareja y sobre todo, destruye cualquier posibilidad para lograr la comprensión de nuestro pasado y por ende, las oportunidades para mejorar en el ámbito personal. Cada integrante de la pareja posee diferentes experiencias e historias, sucesos que los constituyen de forma individual en las que posteriormente con lo vivido por el otro, vienen a crear para ambos una nueva historia. Existen situaciones y temas que desde inicio no pueden ser modificadas (aún y cuando se deseen), como lo son: el pasado, las decisiones (con equivocaciones o aciertos), situaciones familiares, si los integrantes de la pareja ya tienen hijos. Igualmente, existen ideas y actividades que tampoco debemos buscar cambiar, tales como ideas religiosas y políticas, forma de administrar el tiempo libre y el dinero, actividades recreativas y laborales. Los temas anteriormente descritos forman parte de nuestra identidad.


Sin embargo, al referirnos al “¡así soy yo!” no se relaciona con defender nuestra identidad, sino que se hace alusión a esa búsqueda de imponer toda nuestra subjetividad a la pareja y por lo tanto, tiene un sentido de control sobre el otro (háblese de cónyuge, pareja novia o novio), y este sentido violento lo podemos detectar en las siguientes situaciones:


  • Cuando esta frase aparece de forma temeraria expresando enojo, dejando de lado los sentimientos de la pareja, por ejemplo: suelen aparecer frases como “así es mi carácter”, “así me conociste”, “así soy yo” como justificación a arranques de ira o expresiones de agresión verbal o física.

  • Cuando nos enfocamos en devaluar la opinión del otro.

  • Al justificar nuestros errores dejando de lado el diálogo.

  • Cuando buscamos que la pareja se adapte a nuestras exigencias y hostilidades.

  • Cuando buscamos que el otro realice o deje de realizar actividades, por ejemplo: restringir relaciones interpersonales a causa de celos, utilizando la justificación “¡así soy yo!”.


Las manifestaciones antes descritas pueden llegar a encubrir miedos e inseguridades, aunque por otro lado, son oportunidades para dirigirlas al crecimiento personal y la modificación de nuestras reacciones. La invitación es, pasar de la frase “¡así soy yo!” a dialogar para llegar a acuerdos, alcanzar el autoconocimiento y asumir la responsabilidad de nuestras acciones y de la capacidad para disfrutar de la relación de pareja. La invitación es para reflexionar y con ello lograr cambiar el sentido de la frase “¡así soy yo!” que encierra un contenido de “excusa” a un “¡así soy yo!” con un sentido de comprensión de lo que nos ocurre, de lo que sentimos y hemos vivido.

 
 
 
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