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Artículos sobre Ayuda Psicológica

  • 17 ago 2023
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 7 sept 2023


Desde que nace el #bebé, tiene un lazo invisible con su madre, tiene una conexión que es el apego. El #bebé viene al mundo a necesitar y a pedir, ya que no se puede atender por sí sólo. La única forma que tiene para comunicarse es llorar. La madre aprende a entender el lenguaje de su #bebé y de lo que necesita. Entonces es la proveedora del #bebé.


El interés y la atención de la madre hacia el hijo dan sentido a su vida, conforme crece irá separándose de la madre poco a poco, hasta lograr que sea independiente.


Pero ¿qué pasa cuando los padres dan de más?


Los padres con necesidades insatisfechas utilizan al hijo para llenar sus huecos emocionales o quieren que sus hijos hagan lo que ellos no pudieron hacer o realizar por alguna razón.

Padres que les resuelven cualquier problema o situación a sus hijos, para que no pasen “malos ratos”porque de cierto modo dudan de sus capacidades.


El nacimiento de un hijo en la familia
El nacimiento de un hijo en la familia

El #niño que recibe demasiado se parece mucho a un niño abandonado. El #niño crece pensando que es “especial” y que merece todo sin esforzarse. Pero al momento de crecer y salir al mundo se da cuenta de que no es así. Cuando empieza a trabajar empieza a ver que se tiene que esforzar para conseguir un buen trabajo o un ascenso, y en este caso ya no están los padres para resolverle la vida. Cuando se confronta con la vida diaria y ve que no consigue las cosas que quiere fácilmente entonces es doloroso para él.


Por el contrario, existen padres que se la pasan enfocados en sus trabajos y en su vida profesional, le ponen poca atención a sus hijos o los hacen sentir que no son importantes y que sus cosas y eventos del colegio tampoco lo son. Existen padres que se la pasan en el celular y no juegan con sus hijos. Los chicos aprenden a tener relaciones superficiales. En primer momento el #niño va a repelar y a solicitar la atención de sus papás, pero después al ver que sus papás no le hacen caso, el #niño hará lo mismo que sus papás, estar en los aparatos electrónicos, sin obedecer.


¿Entonces cómo le hago para tener un apego sano?


Tener una buena relación con nuestros #hijos que incluya conocer sus gustos, apoyarlos en los momentos importantes para ellos, estar presentes, hacerlos sentir importantes, crear ambientes seguros en la familia.


Apego entre madres e hijos
Apego entre madres e hijos

De esta manera, los #niños querrán ser como la persona con la que tienen el apego. El #niño no se relaciona de la misma manera con ambos padres. Por con siguiente los padres pueden buscar acercarse al hijo, cada quien a su manera. Sobre todo porque cuando llegan a la #adolescencia necesitan de toda la comprensión y guía de sus padres, por tantas dudas y cambios que llegan a tener.


¿Te gustaría saber más del tema? Asiste a terapia psicológica. Con gusto te ayudamos en cualquier duda que tengas.


Psic. Rocío Argüelles.

Psicóloga de niños, adolescentes y adultos.

Asociación Libre - Psicólogos en San Luis Potosí





















 
 
 
  • 10 ago 2023
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 7 sept 2023


Ansiedad en adultos
Ansiedad en adultos

Desde niño me he preocupado por casi todas las cosas a mi alrededor, las tareas, lo que pensaran mis compañeros o maestros de mi, si mis papás me querían o extrañarían si desapareciera, incluso llegué a tener miedo por mi salud o las de mis papás.


Desde que recuerdo tenía miedo a ciertas cosas, a la oscuridad durante mucho tiempo, personajes de las películas sobre todo de terror, bichos, recuerdo que en ciertos momentos estos miedos me llegaron a sobrepasar. No recuerdo pensar mucho en ellos, en ese entonces incluso consideraba que era normal.


Esa aceleración de mi respiración, esas ganas de salir corriendo, esa sensación de estar solo enfrentándome a algo que definitivamente me sobrepasaba, no sabía que hacer, pero lo soportaba. Ahora me entero que a eso también se le llama ansiedad. Ya cuando estuve más grande, en la adolescencia, ya comencé a llamarlo ansiedad, aunque muchos utilizaban el término yo podía ver que su supuesta ansiedad era como un juego, una palabra usada para decir que estaban nerviosos por un examen o que les preocupaba que no les hiciera caso alguien que les gustaba. Los veía reírse, jugar, cantar, pensaba que esta parálisis, esta sensación de opresión que varias veces al día me llegaba no era realmente lo mismo que ellos sentían, yo no podía reírme, ni disfrutar cuando estaba ansioso, me invadía unas inmensas ganas de llorar, sentía un peso terrible sobre mi, una mirada que se daba cuenta de mi sudor en las manos y en la ropa, pensaba y sentía frecuentemente que mi temblor en las manos, mis uñas mordidas hasta la carne eran un señalamiento de lo extraño que era, de lo poco relajado que me veía, y por lo tanto, lo lleno de miedo que a cada palabra, a cada momento del día me sentía. Sudoroso, tembloroso, inseguro, me sentía constantemente observado y juzgado.


Las preocupaciones después dejaron de ser por mis exámenes, la ansiedad ya no me llegaba en la noche por miedo a tener pesadillas. Después la ansiedad aparecía cuando intentaba hablar o exponer, sentía cerrarse mi garganta como si algo literalmente me la cerraba, el temblor en mis manos y mi voz aparecía, me llegaron a llamar tímido, introvertido. Estas palabras al mismo tiempo que le dieron un cuerpo y un sentido a lo que sentía, también pensé que eran insultos, formas de degradarme y de hacerme ver lo patético y débil que era por no poder enfrentar y vencer la ansiedad.

Comencé a curar mi ansiedad cuando llegué al punto en que ya no podía respirar. Inicialmente fue por cuestiones de trabajo, pensé en ese momento que este terror a equivocarme o los regaños que había recibido por lo que eran claras dificultades para calmarme o soportar la presión de los tiempos eran un nivel de ansiedad que había podido controlar antes pero que últimamente me hacía no dormir o comer poco en ocasiones, o llenarme de comida sin poderme controlar. Sentía correr el sudor por mi frente al mandar un correo o tener una llamada, me invadía el terror al momento de tener que entregar un proyecto terminado con una constante sensación de que todo lo que había hecho no solamente era inservible, sino que además, era algo por lo que me terminarían despidiendo. "Tienes que revisarlo otra vez" me decía al oído mi ansiedad, "Vas a volver a cometer un error".


A veces mi ansiedad me jugaba muy malas pasadas, me impedía hacer lo que tenía que hacer y me mantenía pegado al celular o a la consola para supuestamente relajarme y poder dormir. A veces ese tiempo de relajación nunca aparecía, me despertaba con mi ansiedad intacta y lista para empezar el día mientras yo moría de sueño y me sentía cada vez más crispado de los nervios.

Curar mi ansiedad ha sido muy difícil, eso mismo que yo pensé que me definía como persona (mi preocupación por que las cosas me salgan bien, mi timidez y mi introversión) resulta que es algo que me hace enfermar y me hace sentir que voy a tener un infarto. Recuperar mi confianza y experimentar mi propia respiración bajo mi control ha sido todo un reto, ¿quién podría pensar que mi propia respiración no estuviera sobre mi control? Sin embargo aprendí que mis emociones, y estos pensamientos que me invaden sobre escenarios catastróficos hacen que tenga un ciclo sin fin en donde mi ansiedad es el motor para continuar en el círculo vicioso en donde todo está fuera de mi control y sobre todo, en mi contra, a punto de aplastarme.


Ansiedad y depresión
Ansiedad y depresión

Experimentar por primera vez la sensación de que alguien entendía en realidad lo que estaba sintiendo fue algo al mismo tiempo extraño pero confortable, esta sensación de que tenía que pasar esto solo, sin poder decirlo a nadie, aguantándolo a sentir que moría, era creo y ya en retrospectiva, lo que más me generaba ansiedad.

Comencé a hacer algo que nunca pensé que iba a necesitar, mi ansiedad me terminó llevando al psiquiatra y a tomar pastillas. Antes de eso intenté de veras de todo, tés, yoga, meditación, correr, homeopatía, etc.. Nada podía hacer, nada me funcionaba pues me invadía la ansiedad cada vez más.

Solo las tomé un temporada, mi psicólogo me ayudó a ver que no podía seguir sin dormir y explotando en ataques de pánico cada que algo no salía como lo había planeado. Hablar acerca de mis síntomas, lo que le pasaba a mi cuerpo y poder aprender a primer relajarlo, controlar la crisis de ansiedad o el ataque de pánico fue difícil, pero ahora que puedo hacerlo sin la necesidad de tomar una pastilla, me hace sentir bien conmigo mismo, pues sé que puedo superar cualquier obstáculo, me ha hecho sentir que puedo lograr cosas por mi mismo para mi bienestar.

Poco a poco comencé a ver lo que me daba miedo, sobre todo lo referente a sentirme solo, inútil, despreciado. Nunca pensé que esos pensamientos fueran tan intensos en mi, me sentía en serio sin la posibilidad de tener amistades profundas o que alguien se pudiera fijar en mi a menos que fuera el mejor, el hombre más tranquilo y lleno de si mismo sobre la tierra.

Comencé a hacer ejercicios que me permitieron poco a poco hablar en público de forma que ya no me sentía tan ansioso, mi ansiedad seguía aquí pero ya comenzaba a sentir que podía dominarla.

Pude retomar mi vida fuera de casa, pude salir y relajarme con amigos, pude comenzar a salir con alguien y si, me rechazaron varias veces pero también yo me daba cuenta que realmente por mucho que yo lo quisiera, no podía ser aceptado por quién soy por todo mundo, y que las personas con las que si podía ser yo mismo también existían.

Curar mi ansiedad ha sido un camino que creo que me ha implicado aceptar que mi ansiedad nunca se irá, pero que debo mantener el control sobre lo que si puedo controlar, y centrarme en lo que sí soy, en que los límites no son malos, pues me ayudan a ver que soy humano, que tengo limitantes que me hacen ser quién soy.


Este texto fue construido a partir de relatos de pacientes con ansiedad.



Psicologa Esther Solis



Dra. Esther Solís Torres

Psicóloga de adolescentes, adultos y parejas

Psicóloga en Guadalajara - Terapia en Línea

Asociación Libre - Psicólogos en Guadalajara



 
 
 
  • 3 ago 2023
  • 3 Min. de lectura

¿Has llegado a sentir que algo estás haciendo mal, como madre o padre con tus #hijos porque se pelean entre ellos?


Supongamos que estás trabajando en casa, estudiando o estás cocinando, estás haciendo algo que requiere toda tu atención y de repente pasan tus #hijos, corriendo, peleando y discutiendo por alguna razón que desconoces. Tú, te acercas a ellos o los sigues, pero ya te sientes muy enojada(o), porque piensas “estos niños no me dejan hacer nada en paz”, “quiero paz en esta casa” es lo único que puedes decir o pensar.


padres e hijos

Inmediatamente les empiezas a gritar que se aplaquen, que se sienten, etc. Y ellos parecen no escucharte, por lo cual elevas el tono de voz y entonces eso se vuelve un caos. No tienes idea porqué están peleando y por más que preguntas todos hablan al mismo tiempo o se culpan unos a otros.


Por lo general, cuando te enojas con tu pareja porque no sacó la basura, o porque no lavó los trastes, etc. no te estas enojando por el hecho en ese momento sino probablemente porque olvidó el último aniversario, o porque en alguna decisión que tomó, no te preguntó tu opinión o pueden ser muchas cosas que traes guardadas y no las has platicado, así mismo les pasa a los #niños y la mayoría de las veces no los entendemos, no nos ponemos en su lugar.

Para los #niños es muy importante sentirse valorados y comprendidos por sus padres. En el momento puedes contenerlos con cariño y darles besos y abrazos, acompañarlos hasta que se sientan mejor. No hay que juzgarlos, ni tomar partido por ninguno de los #hijos. Hay que decirles que todos tenemos momentos difíciles, pero que podemos llegar a un acuerdo, sin aventarnos cosas, sin golpes y sin hacernos daño.


padres e hijos

Podemos dejarlos en el momento de la pelea o discusión para que resuelvan sus diferencias pero hay que enseñarles a hacerlo, que expresen lo que sienten en ese momento, que digan sus emociones y que logren resolver el conflicto. Muchas veces los puedes observar de lejos, porque los niños pueden pelear, pero un instante más tarde ya están felices y con el mismo cariño de siempre.

Y entonces cuando ya los ves jugando como si nada hubiera pasado les dices: “que bien, me da gusto que hayan arreglado sus diferencias y que estén contentos, son estupendos hermanos y yo los quiero mucho”. Si los enseñamos desde pequeños a resolver conflictos y diferencias, así será conforme vayan creciendo.


Porque si no lo resuelven desde niños cuando van creciendo no saben cómo hacerlo y entonces cuando son adultos menos se van a llevar bien.


En determinado momento lo que pensamos los padres, es que queremos que nuestros #hijos cuando sean adultos y hagan sus familias, se apoyen y se cuiden entre ellos, que sepan que cuentan unos con los otros. Que no se dejen llevar por lo que piensen o comenten las parejas en determinado momento acerca de algún tema familiar. Y que ese cariño que se tienen desde pequeños permanezca siempre. Porque hermanos y hermanas siempre van a ser.


¿Quieres saber más acerca de este tema?, acércate a un psicólogo, toma terapia o toma sesiones para padres, porque nadie sabemos cómo ser padres y madres, sólo conocemos la forma en que nos educaron a nosotros.


Acércate a los especialistas, no te vas a arrepentir de tener una mejor relación con tus #hijos.


Psicóloga Rocío Argüelles

Psicóloga de niños, adolescentes y adultos

Asociación Libre - Psicólogos en San Luis Potosí



 
 
 
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