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Comportamiento y rasgos psicológicos de las personas con un trastorno antisocial de personalidad

Actualizado: 6 sept 2023



Un tema de estudio que tiene un interés especial no solo por el área de la salud mental, sino también por otras disciplinas como la neurología, la antropología y la criminalística, es el tema de la personalidad psicopática o el trastorno antisocial de la personalidad, esto debido a que las personas que poseen características de este tipo de clasificaciones son capaces de cometer actos que principalmente atentan contra la integridad de terceros, pero lo más importante es que la acción de daño, intrusión o molestia es ejecutada con la intención de causarlo y experimentar un grado de satisfacción, a pesar de las consecuencias que esto conlleve.


En el presente artículo vamos a centrarnos en la exposición de las conductas habituales y los rasgos que distinguen a este tipo de personas, con la finalidad de comprender de manera básica el modo de operar y la posición que ocupan en la sociedad. El tema muchas de las veces, llega a ser controvertido debido a que, por definición, el trastorno puede estar acompañado de manifestaciones comportamentales y características que aparecen en otros trastornos de la personalidad e inclusive en afecciones comportamentales provocadas por el abuso de sustancias, motivo por el que es de suma importancia que para poder identificarlo a nivel estructural o diagnóstico, aparezcan cierto tipo de actitudes y conductas en la persona a partir de cierta edad. De igual manera, posee un especial interés de estudio, debido al impacto que ocasionan las acciones de este tipo de personas en la sociedad; al respecto, señalan López Miguel y Núñez Gaitán en su artículo “Psicopatía versus trastorno antisocial de la personalidad”, que la conducta antisocial suele asombrar a las masas por la frialdad emocional, lo despiadadas que llegan a ser esas personas y lo aborrecedores e incomprensibles que resultan los actos.


Definición y características.


Como punto de partida vamos a plantear algunas definiciones que ayuden a centrar el tema del presenta artículo. Es necesario compartir que, de manera profesional, a este tipo de conductas y estructura mental se le nombra de diversas maneras dependiendo la disciplina que lo trabaje, como por ejemplo “trastorno antisocial de la personalidad”, “Psicopatía”, y “Sociopatía”. Cabe mencionar que la mayoría de las definiciones comparten varias características en común y se resaltan varias que son de suma relevancia. Si bien es cierto que de forma objetiva y científica se ha buscado diferenciar la psicopatía de la sociopatía, las conductas entre ambas clasificaciones tienen similitudes, y la propuesta aporta condiciones de formación, por ejemplo, mientras que la psicopatía es explicada como un trastorno que posee un origen y predisposición genética, la sociopatía es producto de variables sociales, familiares, sanitarios y económicos que influyeron en el desarrollo de la personalidad durante la infancia. Por lo pronto, el objetivo del artículo no es diferenciar la clasificación, sino conocer aspectos que ayuden a identificar el comportamiento que se aparta de la norma de este tipo de personas y la manera en cómo opera su pensamiento.


El manual diagnóstico de los trastornos mentales en su quinta edición, señala que el trastorno antisocial de la personalidad es un patrón dominante de inatención y vulneración de los derechos de los demás, que se produce desde los 15 años de edad (pero no puede ser diagnosticado sino a partir de los 18 años) y que se manifiesta por tres o más de los siguientes hechos:



  1. Incumplimiento de las normas sociales respecto a los comportamientos legales, que se manifiestan por actuaciones repetidas que son motivo de detención.

  2. Engaño que se manifiesta por mentiras repetidas, utilización de alias o estafa para provecho o placer personal.

  3. Impulsividad o fracaso para planear con antelación.

  4. Irritabilidad y agresividad, que se manifiesta por peleas o agresiones físicas repetidas.

  5. Desatención imprudente de la seguridad propia o de los demás.

  6. Irresponsabilidad constante, que se manifiesta por la incapacidad repetida de mantener un comportamiento laboral coherente o cumplir con las obligaciones económicas.

  7. Ausencia de remordimiento, que se manifiesta con indiferencia o racionalización del hecho de haber herido, maltratado o robado a alguien.


Es importante considerar que para fines diagnósticos el individuo debe tener como mínimo 18 años de edad, que haya evidencia de un trastorno de conducta desde la infancia, además de que el comportamiento antisocial no se produzca como consecuencia de algún otro tipo de trastorno o el abuso de sustancias.


Otra definición que ayuda a establecer un punto de partida es la de psicopatía, en la que se habla de un sujeto con un pensamiento elaborado que demuestra un nivel intelectual elevado y lleva a cabo sus acciones de manera planeada bajo el deseo de encontrar satisfacción, es insensible y no es capaz de reconocer sus emociones o sentir genuinamente empatía. De esta manera, el autor Hervey Cleckley señaló que el síntoma básico de la psicopatía es la deficiente respuesta afectiva hacia los demás, siendo esto un punto determinante que alerta al momento de buscar identificar a una persona con estas características, de las cuales Cleckley enumera las siguientes:


  1. Encanto externo y notable inteligencia.

  2. Inexistencia de alucinaciones y otras manifestaciones de pensamiento irracional.

  3. Ausencia de nerviosismo.

  4. Indigno de confianza.

  5. Mentiras e insinceridad.

  6. Falta de sentimientos de culpabilidad y de vergüenza.

  7. Conducta antisocial, sin aparente remordimiento.

  8. Razonamiento insuficiente y falta de capacidad para aprender de las experiencias vividas.

  9. Egocentrismo patológico e incapacidad para amar.

  10. Gran pobreza de reacciones afectivas.

  11. Pérdida específica de intuición.

  12. Irresponsabilidad en las relaciones interpersonales.

  13. Comportamiento fantástico.

  14. Amenazas de suicidio raramente cumplidas.

  15. Vida sexual impersonal, trivial y poco integrada.

  16. Incapacidad para seguir cualquier plan de vida.


Robert Hare, un autor que realizó importantes contribuciones al estudio de la psicopatía, señala que, entre diversas definiciones y clasificaciones, existen características que resaltan al hablar de este tipo de personales, y es el elevado egocentrismo, la falta de empatía y la incapacidad para establecer relaciones afectivas con los demás. De esta manera, el sujeto en cuestión es capaz de realizar un elevado número de actos que atentan contra los derechos de los demás, sin que atribuya importancia suficiente para poder determinar que lo que busca hacer es perjudicial, representa un impacto negativo, o generará consecuencias graves, es decir que, el asunto no está en que el sujeto sea incapaz de darse cuenta que lo que hace está fuera de la ley, sino que sus características le impiden experimentar los sentimientos que comúnmente las personas sentirían, y que ayuda a reconocer los límites de nuestra conducta.


Retomando la postura psiquiátrica desde el manual diagnóstico de los trastornos mentales, se señala que el comportamiento específico se agrupa en cuatro categorías: agresión a personas o animales, destrucción de la propiedad, los fraudes o los hurtos, y la violación grave de las normas. Además, se plantean diversas características que se presentan en la vida de la persona adulta como es el hecho de no ajustarse a lineamientos legales por lo que delinquen constantemente, desprecian los deseos o sentimientos de los demás, con frecuencia son mentirosos y manipuladores, hay un patrón de impulsividad, tienden a ser irritables y agresivos, aparecen actividades de alto riesgo, son irresponsables y acumulan deudas o permanecen en desempleo; pero además, el manual señala condiciones destacables que es la ausencia de remordimiento por las acciones o consecuencias, indiferentes y tendientes a justificar de manera superficial los daños, culpan a los demás, hay crueldad por los sentimientos de otras personas y muestran una elevada autoestima, encanto simplista y superficial, obstinación y falta de una visión realista de sí mismos.


Conclusión.


Ya sea que se le llame como trastorno antisocial de la personalidad, psicopatía o sociopatía, la clasificación que se hace de este tipo de personas es consistente por lo que como se observó en el contenido previo, hay diversas posturas teóricas que coinciden en muchas características (sin mencionar grandes propuestas de otros autores), así también proponen indicadores para diferenciar los conceptos. Sin embargo, la peculiaridad del comportamiento de estas personas se observa en la capacidad para ocasionar una afectación, involucrarse en problemas y no asumir su participación; de esta manera son sujetos que pueden realizar desde mínimas acciones que incomoden a otros como manipular, hostigar, sobajar, humillar, reprimir, así como delinquir de manera individual, cometer homicidio, secuestro y violación, formar parte de grupos delictivos, e incluso hasta liderarlos. Es necesario, además, que tengamos claro que no toda persona que comete un delito posee una personalidad psicopática o trastorno antisocial, ya que debemos recordar que para que se llegue a dicha clasificación, debe ocurrir un patrón de conducta constante y estar presentes los rasgos descritos. Así también, es importante tomar en cuenta la diferenciación del entorno sociocultural, ya que lo que en muchos países podría considerarse un abuso de poder o un atentado en contra de los derechos humanos, en otros lugares podría formar parte de usos y costumbres como el papel restrictivo que juega la mujer en medio oriente, así también la prevalencia de los conflictos bélicos en los que el personal militar de varios bandos se enfrenta.


Al hablar de tratamiento psicológico, se debe tomar en cuenta que es poco probable que una persona con este tipo de trastorno acuda a recibir atención, ya que normalmente son referidos por instituciones educativas, laborales o gubernamentales, en los que se condiciona al sujeto a un proceso psicoterapéutico para reparar daños, como un requisito de libertad condicional, o como una medida emergente para generar un cambio de conducta. El trabajo clínico con este tipo de personas en calidad de pacientes, se vuelve complejo, es retador y desgastante para el profesional de la salud mental, ya que conlleva a que el sujeto exhiba sus características ante el terapeuta, y busque defenderse constantemente evitando ceder en su postura, tomando en cuenta entonces que la incapacidad de estas personas para realizar una introspección sobre su mundo emocional, impide que se preste para buscar un cambio. Sin embargo, no todo está perdido, ya que la clasificación estructural hoy en día no es rígida y se ha ido advirtiendo la presencia de personalidades con rasgos no del todo severos, por lo que es posible que las intervenciones tempranas en niños y adolescentes puedan contribuir en el proceso formativo para que se lleve a cabo por ejemplo, la elaboración de eventos traumáticos, se encausen las emociones y sentimientos de una manera adaptativa, y se les ayude a interactuar de una manera sana en la convivencia que establecen con iguales, de ahí la importancia de la prevención, la detección oportuna y la concientización de padres y tutores sobre el comportamiento de los hijos.



Psicologo Jose Ruy Garcia

















Lic. José Ruy García

Psicólogo Clínico

Asociación Libre Monterrey

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