Winnicott y su relevancia en el entendimiento del niƱo.
- 22 jul 2021
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Actualizado: 2 feb 2022

Winnicott analizó en profundidad la relación entre la #madre y el #bebĆ©, y partiendo de la idea de que todo niƱo tiene la potencialidad de evolucionar hacia la madurez, la independencia y la integración, entendió que es esa relación primaria la que facilita o detiene ese desarrollo. Una de sus frases mĆ”s memorables de Winnicott resulta tremendamente tranquilizadora frente a todas las conclusiones que antes de Ć©l y en tiempos posteriores el psicoanĆ”lisis ha expresado sobre el papel materno en la #salud o en el padecer mental del ser humano. AsĆ, lejos de sobrexigencias, #Winnicott explico algo muy simple: el bebĆ© necesita una madre suficientemente buena. No perfecta. No siempre atinada. Sino simple y llanamente suficientemente buena. Esta bondad se determina en tres funciones a cumplir por la madre o por quien cumpla su rol:
-Sostenimiento: que viene a significar la capacidad de la madre para hacerse cargo de su bebƩ en el sentido emocional, para cubrir sus necesidades y estar disponible.
-Manipulación: referida a los cuidados corporales que la madre dedica a su bebĆ© y que crearĆ”n en Ć©l una conciencia positiva de su condición fĆsica.
-Presentación objetal: es decir, la capacidad de la madre para ir mostrÔndole al niño los objetos de la realidad.
En el tratamiento psicoanalĆtico Winnicott abogó por crear una atmósfera que en oposición a ese ambiente primario problemĆ”tico que el bebĆ© padeció y que truncó su desarrollo, estĆ© caracterizado por el sostenimiento. Sin embargo, se percató, dada su constante actitud observadora, de que esto favorecĆa una relación de dependencia emocional entre paciente y analista. Y agregó, claramente, que el buen analista (como la buena madre) debe ayudar a su paciente a liberarse de esa dependencia para curarse. QuizĆ”s uno de los rasgos mĆ”s encomiables de este #psicoanalista es su coherencia. Sus conclusiones teóricas, surgidas desde una amplĆsima experiencia prĆ”ctica, retornaban siempre a su ejercicio clĆnico.

Winnicott observa que en el niƱo reciĆ©n nacido existe un estado intermedio entre la tendencia a usar el puƱo o los dedos para estimular la zona oral en una forma "subjetiva" o "narcisista", y su salida al mundo de los objetos reales, objetivos, representados por un osito o un muƱeco con el cual el bebĆ© juega poco tiempo despuĆ©s. Dicho estadio intermedio estĆ” seƱalado por el uso de lo que el autor ha dado en llamar objetos transicionales, que en realidad constituyen sólo la manifestación visible de un espacio particular de experiencia que no es definible como totalmente subjetiva ni como completamente objetiva: el de los fenómenos transicionales. Este espacio no es interior al aparato psĆquico, pero tampoco pertenece del todo a la realidad exterior y, como veremos luego, constituye el campo intermedio en el que se desarrollarĆ”n tanto el juego como otras experiencias culturales. A partir de esta formulación interpreta que debe existir un estadio transicional entre la vida en la realidad subjetiva tal como el bebĆ© la vive y la aceptación de la realidad exterior. Introduce entonces el aludido concepto de fenómenos transicionales, que utiliza "para designar la zona intermedia de experiencia entre el pulgar y el osito, entre el erotismo oral y la verdadera relación de objeto, entre la creatividad primaria y la proyección de lo que se ha introyectado, entre el desconocimiento primario de la deuda" (con el mundo exterior) "y el reconocimiento de Ć©sta".
La pauta de los fenómenos transicionales empieza para Winnicott en un perĆodo variable que va desde los cuatro a seis meses hasta los ocho a doce.
La manifestación observable de la emergencia de esta zona intermedia de experiencia es el uso del objeto transicional, que representa para el bebĆ© una primera posesión del no-Yo. Efectivamente dicho objeto transicional no es el bebĆ©, pero tampoco es concebido por Ć©ste como exterior a sĆ mismo. Posee caracterĆsticas subjetivas a la vez que otras propias del mundo externo, representado esencialmente por la madre. Ejemplos de estos objetos pueden ser las mantitas, chupetes, paƱuelos, etc., a los que el bebĆ© se aferra en estos primeros meses, y que le proporcionan una defensa contra la ansiedad (especialmente la de tipo depresivo), siendo incluso a veces imprescindibles para poder conciliar el sueƱo. Aunque su variedad es infinita, dichos objetos comparten en general la caracterĆstica de poder ser poseĆdos y manipulados por el bebĆ© (que asĆ adquiere derechos sobre ellos), pero a la vez presentan la condición de ser capaces de conservar el olor de la madre u otras de sus caracterĆsticas particulares. De esta manera, representan el espacio que el bebĆ© necesita para renunciar a la posesión omnipotente de su progenitora, conservando algo de la seguridad que Ć©sta le proporciona. Como se ve, el objeto transicional puede ser concebido en este sentido como un precursor evolutivo de lo que luego se lograrĆ” por medio de las representaciones mentales. Pero para Winnicott, mucho mĆ”s importante que el hecho de que el objeto transicional represente a la madre, resulta precisamente la circunstancia de no ser la madre.

Esto indica que se ha aceptado algo como no-Yo, aunque este algo no sea tampoco del todo perteneciente a la realidad exterior objetiva. Esta es la paradoja que en opinión del autor debe ser tolerada, de manera que no es operativo formular la pregunta de si el objeto transicional fue creado por el niño o le fue presentado desde el exterior. La aceptación de esta paradojal imposibilidad de contestar la pregunta, supone la aceptación de todos aquellos fenómenos que no pueden ser considerados enteramente subjetivos ni objetivos, y que abarcan todo el campo de los fenómenos culturales. En este sentido, si bien como veremos, a la postre el objeto transicional se abandona y pierde importancia, ello no es porque desaparezca la zona de experiencia que éste expresa, sino porque precisamente su significación se ha extendido para abarcar todo el espacio propio de lo cultural.
Para que se produzca la continuidad de esta experiencia transicional, el objeto "seleccionado" debe cumplir una serie de caracterĆsticas que Winnicott resume como sigue:
-el bebé adquiere derechos sobre el objeto, y el mundo exterior los acepta. Sin embargo, esta adquisición representa al mismo tiempo una cierta renuncia a la omnipotencia simbiótica;
-el objeto es amado y acunado, pero también mutilado con excitación;
-se le atribuye cierta vitalidad, como si tuviera vida propia;
-nunca debe cambiar (por ejemplo ser lavado) a menos que el bebƩ lo haga; su catexia afectiva sufre una descarga gradual.
El objeto transicional representa el viaje del niño desde la subjetividad pura a la objetividad, desde la indiferenciación con la madre a la aceptación de ésta como objeto exterior, con el cual puede establecer una relación objetal. Hay que reconocer que este viaje en realidad no termina nunca.
Atención a adolescentes y adultos.
Asociación Libre - Psicólogos en Guadalajara
